jueves, 4 de agosto de 2022

Querido Oliver (I): un mal jefe siempre es una buena vacuna

 Hoy ha sido un día de mucho calor. Como te has estado quejando sin parar con tu consabido mamamamamama y lo habíamos probado todo (juguetes, gateo, potitos, leche, más potitos), me quedó el comodín de bañarte en la nueva piscina que nos han regalado. Vamos, que he conseguido convencer a mamá, que se negaba los últimos días por estar tú malito.

En el agua has demostrado, como en tu bautizo hace dos semanas, que sólo chapoteando o sintiendo el líquido vital aunque sea solo en tu frente eres persona. Estás encantado y solo en el agua te olvidas de los demás. Si en la tierra buscas constantemente el contacto con papá y mamá, en el agua pareces hipnotizado.

Ahora duermes, reventado, en la cama, mientras yo reflexiono en mi despacho sobre este interregno de un mes, preparándome para mi nuevo trabajo. Dejé el anterior a finales de junio porque no soportaba el maltrato psicológico de los superiores. Me alegro de encarar el próximo como el que estrena coche nuevo, al igual que ya me pasó hace siete años al abandonar la GGS con aquel psicópata, el profesor C. S.

 Quiero que en tu vida veas a los malos jefes como una vacuna necesaria. Mientras peores sean mejor, porque mucho mejores serán los siguientes. Ya puede ser tonto o incompetente el siguiente, que si no es tan bellaco y cretino como el anterior, lo tendrás más fácil todavía. 

No abandones un trabajo al poco tiempo por un mal jefe. Aguanta y aprende. Es una vacuna larga -se dice que dos años al menos hay que aguantar, sobre todo si estás en la veintena o a principios de los trenta, como yo ahora-, pero te protegerá para los siguientes trabajos.

 Algo parecido ocurre, por cierto, con los compañeros y los clientes. También hay clientes-vacuna: estúpidos y necios que te complicarán el trabajo y posiblemente empeoren tu relación con el jefe. Es conveniente, empero, controlar tus emociones. Estos clientes o compañeros te vacunarán y reforzarán tus resistencias, porque lo importante es hacer bien el trabajo y no dejar que las malas relaciones influyan en tu carrera. Y ya vendrán otros clientes o compañeros mejores. A estos, mímalos.

sábado, 14 de mayo de 2022

La aventura de recalcar las luces -y no las sombras- de Cortés ante un público alemán


El miércoles tuve la bonita oportunidad de presentar la Conquista de México en una VHS (escuela popular) ante 10 jubilados, que son la típica clientela de los seminarios de Historia.
 
Hace años -desde aquellas clases universitarias con el gran Juan Francisco Fuentes en 2008- que me intereso por la Historia. Este interés creció exponencialmente tras el descubrimiento de Elvira Roca Barea en torno a 2015. Y se ha convertido en un hobby para el que invierto varias horas semanales desde que la pandemia estalló y limitó los viajes.
 
Así que me presenté en el aula que me habían reservado y allí comencé a hablar ante un grupo de 10 personas cultas que asistían al penúltimo seminario de un ciclo de conferencias dedicado al Renacimiento. Yo no sabía que iban a situar mi conferencia en este ciclo, así que lo preparé a posta.
Por suerte, mi fuente más importante para la conferencia fue un número de la mejor revista de Historia de todo el planeta, que es La Aventura de la Historia, en el que se menciona la contribución renacentista de Cortés en esta conquista de México: la mezcla de razas y culturas. Tiene sentido, y así quise transmitirlo: ya no es importante el componente religioso, ni la superioridad de un pueblo sobre otro, sino que se vuelve a las raíces clásicas, y como tal, el hombre ansía la comprensión de lo 'terrenal', de lo humano. En la conquista de México se llega a tal punto humanista que dos pueblos transatlánticos que antes no se conocían -españoles y txacaltecas- se unen y comprenden (por medio de la Melinche, novia de Cortés y primera intérprete de la Historia) la mutua necesidad de dezhacerse del pueblo dominador hasta entonces de la Confederación Mexica: los aztecas.
 
Antes de empezar la conferencia, yo sabía que el tema iba a ser controvertido. Si lo era ya en mi país, donde a Cortés ya en mis años de colegio (de los años de Aznar, oiga, no de Pedro Sánchez o Irene Montero) se le pintaba como un ser oscuro y del que merecía la pena pasar página rápido, cómo no iba a serlo en un país con 50% de católicos y 50% de protestantes... el país que no entregó a Puigdemont a España?
 
Comencé con unos acertijos: a ver, quién sabe el nombre oficial de México? el actual? Una señora dijo 'Nuevo México'. No, señora. Otro dijo 'República de México'. Bien, pero no del todo. De los diez, uno de ellos, el Señor Aden (nombre cambiado), acertó: 'Estados Unidos de México'. El Sr. Aden acertaría dos preguntas más. Los demás ninguna. Tenía que vigilar al Sr. Aden el resto de la conferencia.
Me vi obligado a enfatizar en numerosas ocasiones que en esa conferencia yo no quería ocultar las matanzas de españoles en Latinoamérica. Intenté, con un poquito de condesdendencia, explicarles a los alemanes que los españoles (al igual que los alemanes con el III Reich cuando están en el extranjero) cuando están en Sudamérica, como muy tarde después de una hora bebiendo cervezas tienen que ver sacado el tema del 'genocidio' o, cuanto menos, el supuesto robo de metales. Ante esto, el Sr. Aden dijo 'bueno, es que esa es la imagen que yo tenía de Cortés, que era un Räuber (pirata o bandido en alemán).
Quise reforzar mi teoría, al menos tres o cuatro veces, de que la Conquista de México podía verse de otra manera con tan solo echar la vista al norte de la frontera. Allí, los indios vivían (aún en 2022) en reservas. Al sur de Río Grande no. Aquí surgía siempre una especie de silencio. Quizá un silencio incómodo, el silencio de la reflexión de que, ciertamente, quizá los españoles no fueron tan malos. Pero quizá también un silencio cómodo: menos mal, otro que coincide en la crueldad de los británicos, un pueblo que no cae tan bien en Alemania como el español.
 
Luego sucedió algo muy interesante. Durante la pausa, el grupo de 10 jubilados se reunió en círculo, de pie, bebiendo café, y comentó las últimas noticias sobre las declaraciones del embajador de Ucrania metiendo presión a los alemanes por su dejadez y pasividad dejando el grifo abierto a Rusia para la compra de gas y petróleo. El Sr. Aden, junto al Sr. Schmidt, creían que el embajador ucraniano tenía que irse del país: ''un tío así tiene que estar fuera'', dijo alterado el Sr. Aden. Yo daba sorbos a mi café, mostrando una falsa condescendencia con ellos, porque me quedaba la mitad de la conferencia y, según el Sr. Aden, todavía no había hablado ''de la esclavitud y de las masacres, viene ahora, no?''.
 
Con total naturalidad, los asistentes defendían su país a ultranza tras leer las noticias del día, pero atendían con cierto resquemor el argumento principal de mi trabajo: que la violencia -como las violaciones- de 1519 era un mínimo común múltiplo a todas las naciones colonizadores de entonces, por usar un término matemático. Pero no todas habían abierto la veda a una colonización igual de integradora.

martes, 6 de julio de 2021

En Alemania hay siesta (por ley)

 Es un clásico. Cuando un alemán quiere burlarse de la cultura hispana, menciona la siesta. Tristemente, los alemanes asocian el cierre de tiendas al mediodía (sobre todo en el Sur de España) con esta siesta o rato para dormir. Y lo cierto es que no es, en absoluto, lo mismo. Es verdad que, en español, entendemos siesta como la acción de dormir brevemente al mediodía. Pero los españoles sabemos muy bien que esta 'siesta' es más propia de los pueblos, mucho más típica de nuestros abuelos, y a horas en las que el cuerpo pide echarse en el sofá o en la cama al no poder hacer otra cosa con las altas temperaturas. 

Además, no hay que olvidar que, si bien las tiendas en España vuelven a abrir a las 17:00, éstas continúan abiertas hasta más allá de las 21:00, y en el caso de El Corte Inglés hasta las 22:30. En Alemania, todas las tiendas (incluída la Galeria Kaufhof, el equivalente a  El Corte Inglés) cierran a las 20:00, y las librerías a las 19:30.

Sin embargo, lo que muchos no saben es que los alemanes, además de cerrar las tiendas mucho antes que los españoles, tienen su propia palabra para este sueñecito: 'Schläfchen', traducido más bien como 'duermecito'. Y vaya si lo echan. Concretamente, el Bundesgerichtshof o Tribunal Federal falló en 2019 que unos vecinos tenían derecho a tocar instrumentos de música al menos dos horas al día, a exceción de ''las horas de descanso (Ruhezeit) del mediodía y de la noche'' (Expediente: V ZB 11/98).


jueves, 3 de junio de 2021

Aufpassen: thailändische Münzen unterwegs

 
An einem Tag vor einigen Jahren warf mein Vater Münzen von 100 chilenischen Pesos im Parkautomaten vom Flughafen Sevilla ein. Diese Münzen sind identisch zu den 1 Euro Münzen aus Europa. Allerdings entsprachen 100 CP damals sowie heute ca. 10 Eurocent. Mein Papa machte das aus Protest vor den sehr teuren Tariffen am Flughafen. Ohne daran zu denken -ich glaube wirklich, dass er nicht daran gedacht hatte-, dass ein neuer Kunde (und nicht der Flughafenbetreiber) diese Münzen als Rückgeld erhalten könnte.

Das ist mir tatsächlich gestern passiert, als wir in einem Bauernhof auf Sylt Käse gekauft haben. Ich werde den Namen des Ladens nicht verraten, falls die nicht so freundliche Verkäuferin doch nicht die Absicht hatte, die Münze schnell loszuwerden, weil sie einfach kein Mensch ist, der auf die Münzen starrt. Ich schon. Ich liebe, mir die verschiedenen Motive der europäischen Münzen anzugucken. Aber nicht in dem Moment, in dem ich die Münzen von einer fremden Person bekomme. Da ist mir wichtiger, schnell zu zählen und dem nächsten Kunden Platz zu machen.

Als ich gestern auf diese Münze guckte, sah ich zuerst eine Pagoda. Ich dachte: bestimmt noch eine deutsche Münze mit irgend einem Palast von Potsdam darauf. Aber dann sah ich die komische Schrift, und sagte zu mir: Georgien ist noch nicht in der EU. Auch der Kopf auf der anderen Seite der Münze erinnerte mich weder an einen deutschen Kanzler noch einen europäischen König. Scheiße, 10 thailändische Baht! das entspricht 20 Eurocent!

Ich war natürlich sehr empört, muss aber gestehen, dass ich sofort angefangen habe, einen Plan zu machen. Wie werde ich diese Münze loswerden? Nicht im Käseladen, weil wir bis dorthin gewandert waren und ich nicht unbedingt mit dem Auto zurückfahren wollte; außerdem würde die Verkäuferin mein Gesicht erkennen und -falls ihr doch bewusst war, was für eine Münze sie mir gegeben hatte- würde bestimmt darauf gucken wollen und sie als Zahlungsmittel ablehnen.  

Im kleinen Gehirnfach, in dem ich meine künftigen Rachen verwalte, dachte ich plötzlich an eine Penny Filiale in Heilbronn, in der ich einmal eine faule Avocado kaufte (warum ist Avocado auf Deutsch weiblich?). Ich war natürlich ein bisschen schuld, denn ich hatte die Avocado nicht so richtig angetastet. Aber ganz ehrlich, in Corona Zeiten ist es ein heikles Thema, Obst anzutasten. Ich denke da sehr oft, ein Spießer wird mir etwas über die Schulter vorwerfen. Außerdem kann eine Avocado, die im Prinzip eine schöne Konsistenz hat, trotzdem faul sein. Und das war glaube ich damals der Fall.

Soll ich die 10 Baht in dieser Penny Filiale loswerden? wäre das ethisch? ich gebe zu, dass Rache keine gute Sache ist. Das sollte nicht der Grund sein, für egal was. Trotzdem fällt mir gerade kein anderer Ort ein, in dem ich diese fake 2 Euro ausgeben könnte. Denn manchmal kommt die Innovation in den Firmen als Schutzmaßnahme gegen Betrug oder Ineffizienz: was wäre, wenn Penny -und andere Supermarktketten- aus Reaktion vor falschem Geld die Bezahlautomaten einführen würde, welche schon bei Edeka der Normalfall sind?

Aber nein, das werde ich nicht tun. Einmal wurde ich -ausgerechnet in Laos- von einer Reiseagentur betrogen (ich bekam eine Fahrkarte für das langsame Boot, wobei ich den Preis des Speed Boots bezahlt hatte), und ein mitreisender Spanier sagte zu mir, ''was das Leben Dir nimmt, gibt dir irgendwann zurück''. Ich werde nun irgendwann nach Thailand reisen, in der Hoffnung, 2 Euro als Rückgeld zu bekommen.

martes, 1 de junio de 2021

De amos infiltrados en diarios de izquierdas: Maxim Leo

 Leyendo a Maxim Leo en 'Ein fast leeres Nest' (un nido casi vacío), en el periódico progre Berliner Zeitung del 12/13 octubre de 2019, creo descubrir a otro progre más que, para defender sus privilegios, prefiere camuflarlos con el ideal de justicia o de protección de lo local, de la tribu. 

Y es que, en este artículo, el periodista berlinés critica duramente la nota de corte de las universidades berlinesas, que trae como consecuencia la emigración de sus hijas a otras ciudades para estudiar. Pero no lo hace precisamente con una crítica constructiva, sino que apoya su argumento en la denigración del 'empollón provincial del Sarre' que acude a Berlín en busca de mejores oportunidades.

Pero resulta que Maxim Leo no es progre. Sorpresón.

Es cierto que el Berliner Zeitung es indudablemente progre. Es la versión alemana del diario Público, con editoriales que dedican más tinta que otros al Mietendeckel o limitación de los alquileres en la capital. Pero lo cierto es que, tras una búsqueda rápida en Google de su biografía y anteriores contribuciones, el Sr. Leo no parece nada progre. Es más, se asemeja mucho más a un Sánchez Dragó teutón.

En una entrevista en Freitag, también en un periódico de izquierdas, leo que se declara sin duda 'capitalista', porque 'al ser mi padre anarquista y mi abuelo miembro de la Resistencia en la II Guerra Mundial, era la mejor manera de rebelarme'. En esta misma entrevista, Maxim Leo asegura que no podría ir a una manifestación de 1.000 personas, aunque estas reclamaran exactamente lo mismo que él desea. Y que hay que mirar más relajadamente a la AfD y escucharles. Otra frase que podría esperarse de un Sánchez-Dragó.

De lo que estoy convencido es de que hay lectores del Berliner Zeitung muy progres que compartirán la opinión de Maxim Leo sobre la nota de corte. Aunque tenga tufillo a elitismo y algo de xenofobia. La izquierda siempre tiene un cajón de sastre para defender los privilegios que ellos llaman 'derechos', 'conservación del medio ambiente' o 'justicia social'.

domingo, 23 de mayo de 2021

La utilidad del euskera en Madagascar

 

                                                     Foto: Rafael González García de Cosío

 

Para aquellos que tienen un B2 de francés oxidado, o sea en la práctica un B1, y que disfrutan usando una lengua extranjera mientras viajan, Madagascar es el destino ideal. En un viaje en julio de 2016 por la gran isla africana del Índico descubrí que la lengua francesa, al contrario que en Seychelles o en Mauricio (países que también visité en aquella gira), en Madagascar solo hacía las veces de lengua muleta, es decir, una lengua franca que los malgaches hablaban con fuerte acento, lentamente y con un vocabulario no tan rico. Al ser las islas Seychelles y Mauricio países mucho más ricos, extraje la conclusión de que, a más riqueza, más querencia por la lengua más internacional de Europa.

Así que a mi llegada a Morondava, a unos 400 kilómetros de Antananarivo que hice en 12 horas de duro viaje en minibús, me puse a negociar -en francés, naturalmente- con el amigo conductor de un entrenador de fútbol que había conocido esa misma mañana en la playa, para que me llevaran a la 'Avenida de los Baobabs', a pocos kilómetros de esta ciudad costera. Tengo una memoria malísima, especialmente para los nombres, pero sé que acordamos la cantidad exacta de 18 euros.

Una vez en el parque de los baobabs, mientras me sacudía la insistencia de los niños que querían cobrarme por fotografiar los camaleones que -esto lo aprendí luego- ellos mismos habían posado sobre las ramas de los arbustos, oí a varios metros detrás de mí el voceo típico de una calle de España. Tres ciclistas hablaban en una lengua incomprensible, pero tenían aspecto de españoles e, insisto, esas voces me teletransportaban a una verbena de pueblo conocida. Joder, tres vascos!

Hacía años que no saludaba ya a los españoles que veía en mis viajes, porque, simplemente, cada vez eran más, y hoy en día te los encuentras a trompicones por todos lados. En el parque de los baobabs no hice una excepción. Di un último paseo atravesando una tienda-manta con macetas de jóvenes baobabs, apenas unas ramitas hincadas en la tierra que eran promesas de un sueño imposible; eran el perfecto regalo para un tataranieto que quizá llegaría a ver un baobab de un metro en una casa que, a lo mejor, también llegaría a pagar su tataranieto. Después de eso, me volví a mi bungalow de Morondava.

Es preciso recordar que en Madagascar, casi todos los inversores son franceses mayores de 50 años buscando una vida y mujer nueva. El dueño de la estancia con bungalows en la que me quedaba era un francés con el que también me comunicaba en la lengua de Montaigne; si hubiera estado en Francia probablemente no habría tenido la paciencia de hablar conmigo en francés, pero esto era Madagascar, y el hombre estaba acostumbrado al francés del tebeo de los malgaches. Así que me comunicaba perfectamente con él cuando, por ejemplo, me quería decir que el agua corriente funcionaba solo de 5 a 7 de la tarde.

Y a todo esto, qué puñetera casualidad, llegan los tres vascos con sus bicicletas al recinto de los bungalows, buscando cobijo y alimento. Digo casualidad porque Morondava, aunque en número de turistas no es Bali o Ko Tao (pero lo será antes de 2030 por su magia, la calidad de sus restaurantes y sus precios bajos), cuenta con bastantes hoteles en los que quedarse.

Antes de revelar mi origen, me apeteció escuchar lo que decían, aunque no entendiera ni papa, por estar hablando todo el rato en euskera. Esta es la magia de viajar: entender a personas cerca de ti que no saben que eres español, para saber qué dicen. Aunque no entendiera a estos tres, me interesaba especialmente saber cómo iban a hablar con el dueño de la estancia. Uno de los tres se dirigió a éste y le preguntó en inglés:

- Du yu jav a rum for uan nait?

Llamadme repelente niño Vicente, pero yo estaba entre descojonándome y llorando de tristeza. No por el inglés -por otra parte típicamente españolizado- que se gastaban como muchos otros, sino porque, siendo vascos, se estaban entendiendo entre ellos en euskera (lo cual es totalmente legítimo, oye!) y luego, con un francés, probaban con el inglés.  

Cuando se sentaron en el pequeño bar que había, me dirigí a los tres, aunque dos de ellos jamás llegaron a cruzar una palabra conmigo. Qué, sois vascos, no? Y el huésped que se había dirigido al dueño me respondió: sí, de Irún, y tú? Al decirle que era de Sevilla, se sorprendió, aunque tampoco se le vio una emoción inmensa en la cara ni saltó de alegría. No sé si porque quería tocar un poco las narices o porque de verdad lo sentía (quiero inclinarme por esto), le dije que me alegraba de ver a gente por el mundo con la que tenía cosas en común. Y su respuesta fue: si, hablamos la misma lengua. Así, super seco. A continuación, le dije que ojalá en España se enseñara el euskera en todos lados, para tener aún más cosas en común. Y su respuesta, que tampoco olvidaré jamás, como la cantidad de 18€ del conductor, fue: ''pues como te oigan algunos...''. Y esto me chirrió, aunque no dije nada más.

Ese ''pues como te oigan algunos'' podría interpretarse de muchas maneras. Como me oiga quién, los fascistas españoles entre los que seguro que me incluirían a mí a poco que hubiésemos hablado 5 minutos más? o se refería a los batasunos que preferirían que el euskera fuera cosa solo de País Vasco y Navarra, porque si se enseñara en otros territorios -como se hace en Suiza- el hecho diferencial perdería su mojo?

En todo caso, aquella tarde-noche de verano en unos bungalows de Morondava no paraba de darle vueltas al hecho de que tres vascos de Irún, desde donde pueden lanzarse piedras a Francia, se comunicaran en inglés básico con un francés, mientras viajaban en bici hablando la lengua local de su tribu. Lo cual es legítimo, como dije antes. Sin embargo no puedo evitar rememorar de nuevo el buen nivel de francés (e inglés) de países ricos como Seychelles y Mauricio, que también tienen lenguas indígenas, mientras en otro país rico que va camino de ser pobre se relega una lengua internacional (o dos, contando con el francés del país vecino) al ostracismo.

 

lunes, 19 de abril de 2021

LAS SUBNOTICIAS

 

Vaya, pues va a ser que el Gobierno de España, o sea, de Pedro Sánchez, va a privatizar las autopistas. Y no estamos hablando de cualquier autopista, o de reintroducir uno de los dos peajes de Sevilla a Cádiz que recuerdo que pasábamos durante mi niñez, y que tanto le costó quitar a la Junta socialista. La noticia ha sido un bombazo, en mi opinión, aunque no haya tenido la repercusión que sin duda habría tenido en un país como Alemania, donde también este debate -el de peajes para extranjeros o para todos los alemanes- ocupó portadas y columnas de opinión varios años, en concreto desde 2013 hasta 2018. Pero claro, en España existe una especie de suprapolítica, que en este caso son las elecciones de Madrid; y hablamos de los políticos todo el rato, sin hablar verdaderamente de política.

Lo que es noticia en Alemania, en otros países es subnoticia. Si esta subnoticia de los peajes fuese a estar en todos los debates, emisoras, periódicos y debates de las redes sociales hasta el 4 de mayo, Gabilondo no sacaría ni 20 diputados. De todas formas, este problema no es único de España. Ocurre también en naciones como Estados Unidos. Un ejemplo: en el artículo ''El poder del ejército, contestado en Birmania'', de Le Monde el 21 de julio de 2019, justo en el primer párrafo se anunciaban las sanciones que Estados Unidos había impuesto al comandante en jefe, el general Min Aung Hhlaing, además de otros tres responsables gubernamentales, por sus acciones contra la minoría musulmana de los Rohingya en 2017.

Esta subnoticia no trascendió aquel día de verano en el que los periodistas de todo el hemisferio norte ya estaban de playa y piscina. Cómo es posible que aquel majadero autócrata, Donald Trump, impusiera sanciones a los fachas de la dictadura militar de Birmania, si Trump era el que imponía sanciones ''no sólo'' a los jefes de las dictaduras progresistas como la venezolana, sino a ''toda su población''? Esto es lo que se habrían preguntado los despistados que aquel día compraron el periódico.

Hay algo peor que las fake news, y es definitivamente la existencia de las subnoticias, o sub news. Estas hacen mucho más daño, porque ni siquiera consiguen la oportunidad de que el público las contraste. No les conviene aparecer más allá de un tórrido día de verano.