viernes, 12 de mayo de 2023

El federalismo

 Allá por el 2005, teniendo yo 17 años, un profesor de inglés de Canadá con padres ucranianos fue preguntado por la cuestión de Quebec, y respondió que él se consideraba ''un federalista'', enfatizando que para él era importante la unidad de Canadá. Por aquel entonces me chocó su autodefinición, porque federalista me sonaba en aquellos tiempos de Rovira, Maragall y Zapatero exactamente a lo contrario: más independencia, desigualdad y autodeterminación.

La clave de mi error nos la dio, cómo no, unos años más tarde el gran Juan Francisco Fuentes en las clases de Historia de la Complutense. Fuentes matizó que el federalismo podía significar unión o desunión dependiendo de si era centrífugo o centrípeto. En el caso de Canadá o Alemania, por ejemplo, el federalismo suponía unir, a lo largo de los siglos, pequeños trozos de puzzle para crear hoy una nación o unidad política. En el caso de España, el movimiento federalista (empezando por la I República, continuándolo en la II República y hasta hoy en Democracia) supondría el despedezamiento de una unidad política creada oficialmente en 1492, con la conquista de Granada, o incluso antes, en torno a 415, con la fundación de la Hispania visigoda -es decir, podría decirse que el 1492 español, como muy tarde, fue el 1871 alemán, año de la fundación del II Imperio (segundo Reich de Bismarck, el primero fue de Carlomagno y el tercero, de Hitler).

Los alemanes, para referirse al fenómeno que nosotros conocemos en España como ''estado autonómico'', utilizan precisamente el término ''Föderalismus''. En los tiempos del coronavirus, este término ha tenido una connotación más bien negativa. La mala prensa se ha debido sobre todo a la descoordinación entre el gobierno nacional (federal) y los 'países' federados (Bundesländer) en la estrategia de contención del virus. El periodista Martin Knobbe, de la revista progresista Der Spiegel, explicaba que las Oficinas de Sanidad encargadas de registrar las infecciones y hacer un seguimiento de los ciudadanos en cuarentena dependían de las comunas (algo así como diputaciones provinciales), lo que dificultaba una unidad de acción de la política alemana.

Knobbe, sin embargo, hacía una defensa general del federalismo en su artículo. La descoordinación durante el coronavirus, para él, sería comparable a la avería de un coche que es, aun así, un coche de calidad. Lo interesante son sus dos ejemplos para defender la legitimidad del federalismo. Primero menciona un viaje de Montesquieu a la admirada 'República federativa de Alemania' en 1728. Pero qué francés no admiraría un poco de variedad en leyes, derechos, deberes y libertades, viniendo de un estado que, antes que centralista, era absolutista? En 1728, después de todo, Alemania ni existía, sino más bien el Sacro Imperio Romano Germánico, un conjunto de países por federar. Lo que Montesquieu estaba visitando, en definitiva, era un conjunto de principados y republiquitas comerciales muy chiquitas como para hacer daño.

El segundo ejemplo era el de los fundadores de la República Federal actual, quienes en 1948, por orden de Estados Unidos, se habrían dado una constitución muy federal para quitarle poder al gobierno nacional y así evitar futuras dictaduras al estilo del III Reich. Puede que la idea fuera esa, no soy yo nadie para discutirla, pero sería de una ignorancia destacable negar que la paz que vivimos (Ucrania no es UE ni OTAN) y la luz y taquígrafos a las democracias europeas actuales no vienen de un sistema o modelo de gobierno determinado, sino de la existencia de la Unión Europea y la OTAN, cuyos inicios se establecen poco después de ese año fundador de 1948.

Decir que un modelo federalista protege al ciudadano de dictaduras nacionales es ignorar que todas las leyes y decretos regionales en Alemania han estado basados en la Ley Nacional de Protección ante Infecciones (Infektionsschutzgesetz). Y quién es el último bastión que defendería a los alemanes de una hipotética futura Ley Nacional de Limpieza de la Raza? correcto: no serían las regiones de Sajonia o Sarre, sino la Unión Europea.

jueves, 11 de mayo de 2023

Las siete décadas del CSU en Baviera

 De los 16 estados alemanes (Länder), son tres los que tiran del carro: Baden-Württemberg (de donde son marcas como Porsche, Mercedes, Lidl o Bosch), Hesse (con la capital financiera europea Frankfurt) y Baviera (BMW, Audi, Oktoberfest o el castillo de Neuschwanstein). Cuando digo que tiran del carro me refiero a que en la financiación interestatal, son los tres únicos estados con contribución neta al resto de la república, y es así desde hace mucho tiempo.

Tiene que venir un andaluz a Alemania, aliviado por el cambio de gobierno en su tierra hace cinco años -que si bien, para muchas cosas, no se ha atrevido a reformas algunos asuntos, en general está demostrando más honradez y eficacia en el gobierno que las administraciones socialistas- para descubrir los problemas del primer mundo de muchos alemanes. Me refiero a esos alemanes progres como Dieter Otremba, un lector del diario progresista Süddeutsche Zeitung que, a raíz de los escándalos de mascarillas y conexiones con Azerbayán de diputados nacionales (!) del partido bávaro CSU, escribió una carta al director en abril de 2021 que más bien parecía un poema, titulándola (Schwarzes Amigo-Land) ''país negro de amigos''. Negro, en alemán, es un sinónimo de 'conservador', por los colores del principal partido de la derecha en el país, mientras que amigo fue escrito tal cual, en español: para el progresista centroeuropeo, muy nacionalista él en realidad, lo hispano es un sinónimo de desorden y tiranía. Y aunque en toda la carta no haya una sola mención a los Castro (única estirpe que supera en tiempo de gobierno en un país de Latinoamérica al CSU en Baviera), se nota la intención de comparar a los gobiernos populistas sudamericanos con el partido que ha gobernado el país blanquiazul de manera ininterrumpida desde los años cincuenta: el CSU, dirigido hoy por Markus Söder.

 Qué puedo contarles del político Söder, presidente de Baviera y ambicioso candidato futuro a la cancillería de Alemania? Para mí, Söder es el político más parecido a Pedro Sánchez en toda Alemania. Cuando en 2017 sacó mayoría relativa y tuvo que coaligarse para gobernar con los 'Votantes Libres' (partido al alza en Alemania), Söder le vio las orejas al lobo y se hizo ecologista porque veía que el siguiente partido al alza en su tierra no eran los antaño fuertes socialdemócratas, sino los Verdes. Durante la pandemia, Söder fue el cuñado que nos recordaba a los ciudadanos alemanes cada noche la importancia de prescindir de vida social, de reapertura de escuelas o la posibilidad de viajar. Hace un mes, con la desconexión total de las centrales europeas en el pais, Söder, oliendo el ascenso del CDU a nivel nacional y el buen mantenimiento de los liberales del FDP en las encuestas, fue el primero en declarar en televisión que el abandono de la energía nuclear es un error. Söder es, en definitiva, un oportunista ambicioso. Un político sin convicciones del que poco puede esperarse.

Sin embargo, y esto puedo decirlo tras haber vivido un año en Baviera, el cambio por el cambio es absurdo, y los votantes de esta región no son imbéciles. Si bien los lectores como el Sr. Otremba nos dicen que hay estados que no han visto otro gobierno en muchas décadas, también es cierto que hay votantes que no han visto otros países en esos mismos años. Porque comparar Baviera con dictaduras bananeras con motivo del enriquecimiento de algunos políticos en Berlín es de un cinismo considerable. Si Otremba conociera el caso de Andalucía, la comunidad más fértil de España, con el mayor número de olivares de todo el Mundo, con costa, con montaña y estaciones es esquí, con un patrimonio cultural que nada tiene que envidiar a Italia, y con un puerto como el de Algeciras y una capital económica como Málaga, no podría creer que, tras 40 años de PSOE, acabara entre las últimas tres de España. 

Al progre centroeuropeo siempre le queda el comodín del catolicismo como razón última del atraso del Sur de Europa. Pero resulta que Baviera es también católica. Y te meten una multa de 10 euros si te ven cruzando un semáforo en rojo a pie por la noche.

sábado, 22 de abril de 2023

La muerte, según Escohotado

 He topado con un vídeo muy interesante del hijo de Antonio Escohotado, que explica que su padre entendía la muerte como 'dormir sin soñar'. Mi reflexión, entre los comentarios del vídeo, es la siguiente:

Muy interesante, lo he llegado a pensar yo también. Agrego que eso del 'karma' o reencarnarse en un animal u otra persona no existe (la prueba está en que ninguno de nosotros dice 'yo en mi vida previa fui gorrión'); eso sí: cada nuevo ser humano o animal necesita un alma (Soul: grandiosa película de Disney), y es una que previamente no existía. O sea, que aquí sí creo en una 'encarnación', no una 'reencarnación', por la que nuevos seres surgen de la nada.... y al ser esta nada la misma nada que nos espera, según Escohotado, tras la muerte, es posible que tengamos la clave para saber que después de la muerte haya una nada ''con sorpresas''.

domingo, 16 de abril de 2023

Cómo funciona la desinformación periodística sobre grandes empresas

 Para la desinformación empresarial son importantes determinados ingredientes como la mala fe o la envidia, pero el más importante de todos es el condimento manipulativo que lleve a pensar a la gente que la iniciativa privada siempre es egoísta y mala para la sociedad.

Cuando Dior, en manos de Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia, compró el exitoso fabricante alemán de sandalias Birkenstock, el periodista Leo Klimm hilvanó algunos hitos de la biografía de Arnault en el periódico progresista Süddeutsche Zeitung y no olvidó mencionar que el empresario francés había comprado el conglomerado Boussac, en bancarrota en 1984, por la cantidad de un simbólico franco (saludos a Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, convencidos de que en este tipo de compras, las deudas de la empresa son los padres), para despedir luego a una plantilla de 15.000 asalariados a los que había prometido mantener su trabajo. 

Klimm buscaba, evidentemente, la ira del lector. Afortunadamente, el lector tiene a su disposición la poderosa herramienta de Internet para descubrir que hoy, Dior -que entonces era una de las muchas empresas que formaban parte de Boussac-, cuenta con una plantilla en todo el Mundo de 175.000 empleados. Solo desde 2015 hasta hoy, esa plantilla ha crecido en más de 50.000 personas.

Pues ahí tienen las fotos del New York Times, con los manifestantes contra la reforma de las pensiones de Macron ocupando con bengalas la sede de LVMH, simbolizando la demanda de que estos conglomerados contribuyan más al sistema de pensiones para que los franceses sigan pudiendo jubilarse a los 62 años hasta, pongamos, el año 2500. 

Ignorantes ellos, que desconocen que, si cada empleado de Dior cotiza unos 2.000 euros anuales -tirando muy por lo bajo- en sus respectivos países, estaríamos hablando de 350 millones de euros anuales yendo a la caja de la seguridad social tan solo gracias a Dior.

sábado, 15 de abril de 2023

La vidorra de corresponsales como Christoph Gurk

 De mayor quiero ser corresponsal de periódico en el extranjero. Lo digo en broma, porque este año voy a cumplir 36 años y además ya tuve la oportunidad de pelear por ello. Y es que el periodismo activo lo abandoné antes incluso de acabar la carrera de Periodismo. Hace 7 años me ofrecieron ser director comercial de El Correo del Golfo en los Emiratos Árabes Unidos, pero el amor de una alemana -y madre hoy de mi adorable hijo- pudo más que mis ganas de trabajar como periodista en Dubai, con un jefe tan interesante como Rafael Unquiles y su fabulosa familia.

Mi padre, ingeniero químico, me llegó a decir un par de veces que le hubiera gustado ser diplomático. Hoy comparto totalmente ese deseo, si bien llego 18 años tarde. Cuando entré en la Universidad no tenía ni una milésima parte del interés que tengo ahora por el Mundo y la política.

Digamos que el periodismo y la política internacional me interesan hoy a partes iguales, si bien de una manera pasiva. Sigo los acontecimientos nacionales e internacionales y reflexiono o escribo sobre ello, aunque sea solo en mi blog.

En este sentido, creo que si hay un trabajo que mezcle el periodismo y la diplomacia a la perfección, ése es el trabajo de los corresponsales extranjeros. Por ello sí que envidio algo a los corresponsales. Hay varias razones.

Los corresponsales, para empezar, son los únicos trabajadores de un grupo mediático prácticamente sin control ni auditoría alguna. Ellos mandan sus artículos a las redacciones centrales, y sus directores, ya suficientemente ocupados y presionados para elaborar la información 'nacional' pertinente, prescinden de un filtrado relevante. La prueba fidedigna de esto que digo es que las páginas internacionales de El País siempre son infinitamente menos sectarias que el resto del periódico: la información sobre Venezuela, por ejemplo, suele ser dura o al menos más objetiva con el régimen que en el caso de la información nacional, y eso, paradójicamente, aunque Podemos tenga su origen en el régimen chavista y aplique el mismo lenguaje y alianzas que las personalidades del ejecutivo venezolano.

Otro ejemplo es el enorme cambio que dio la información de España en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung con la marcha del corresponsal Leo Wieland, jubilado en 2016, y la recogida del testigo de su sucesor Hans-Christian Rößler. De tratar temas como la corrupción milmillonaria de Andalucía y la de los partidos separatistas (incluido Jordi Pujol), Rößler pasó a monográficos sobre Juan Carlos I y la supuesta mano dura de la derechona de Rajoy contra inocentes raperos como Pablo Hasel que pedían atacar a la Guardia Civil o a un alcalde catalán del PSC.

Pero hay otra razón por la cual los corresponsales pueden presumir de pasárselo muy bien. Y es que tampoco son auditados por la sociedad misma en la que viven. Christoph Gurk, corresponsal del Süddeutsche Zeitung en Sudamérica con residencia en Buenos Aires, puede escribir lo que le plazca, pero escribe en alemán y su publicación, al menos la edición de papel, aparece en Alemania, no en Argentina. En ese sentido podría permitirse algún día, si quisiera, empezar a escribir sobre la relación entre el peronismo y el profundo empobrecimiento de los argentinos en las últimas décadas, y aun así se haría muy pocos enemigos. Por lo menos, contaría con menos resentimiento que periodistas locales como Luis Majul o Jorge Lanata.

Sin embargo, Christoph Gurk no habla de peronismo. Descubrí al periodista alemán con un artículo de enero de 2021 de tres páginas en el SZ, un periódico de formato sábana. El texto trataba de la relación de los argentinos con el dólar americano en momentos de crisis. En ninguna de esas páginas podía encontrarse referencia alguna a Perón, a Kirchner o al presidente en ese momento, Alberto Fernández. Gurk comenzó su artículo citando al expresidente Mauricio Macri y su latiguillo de ''pasaron cosas''. El corresponsal decidió cerrar su artículo con una retórica graciosa al repetir la frase de Macri. Gurk desinforma a los alemanes sobre lo que pasa en Argentina, pero no pasa absolutamente nada.

De nuevo, unas semanas más tarde, Gurk dedicó un artículo a toda página a Mercado Libre, el llamado Amazon de Sudamérica y una de las empresas privadas más grandes de Argentina. Titular del artículo? 'Un gigante demasiado poderoso para muchos'. De nuevo, la intención de Gurk es clara: surfear en la ideología peronista de que lo privado es perverso, y solo un Estado hiperendeudado con el control de una moneda en hiperinflación puede contribuir a que las cosas mejoren, aunque lo contrario haya quedado demostrado varias veces en los últimos 60 años. 

Es decir, Christoph Gurk, como Hans-Christian Rößler, es el prototipo de corresponsal que llega a un país para justificar el statu quo a sus compatriotas. Por qué un periódico como el SZ tolera que se escriban tres páginas muy políticas sobre la relación de los argentinos con el dólar sin mencionar a Perón, a Kirchner o al presidente actual? Esto es pura corrupción periodística, pero una que pasa desapercibida por las dos razones que he mencionado antes: el jefe de Gurk probablemente sepa menos que su corresponsal sobre los temas tratados, y Gurk tampoco tendrá interés en enfrentarse a colegas o en perder contactos y oportunidades de entrevistas de fuentes del peronismo -que evidentemente, por la única razón de estar siempre más presente en la vida argentina, es más accesible.

Probablemente, este problema desaparecerá cuando muera la prensa de papel. Y a la gente le seguirá importando todo un pepino (Gurke en español es pepino).

 

miércoles, 12 de abril de 2023

Se va el lobo feroz: descanse en paz, Sánchez Dragó

 Atención, esto no es una hagiografía ñoña! se trata de una pequeña recensión sobre un intelectual que me ha marcado para bien y para mal. 

Conocí a Dragó con 20 años, cuando llegué de estudiante a Madrid y aun no había madurado. Presentaba el Diario de la Noche en Telemadrid. Me fascinaba lo rápido y contundente que hablaba, tan cargado de cultura. Pero lo que más me impresionaba era su estilo provocativo y desdeñoso contra la estupidez. Era en eso clavado a mi padre, aunque Dragó vivía feliz y con ganas de aventura. Era más de gatos, y mi padre de perros.

Dragó fue, junto con Tom Wolfe, uno de mis dos grandes ejemplos en la época universitaria. Admiraba su estilo rebelde y, si bien era un poco ególatra (no lo somos todos un poco?), se le perdonaba por su impecable combate contra las identidades y las ideologías. Esto se veía muy bien en sus camisetas negras con los rótulos ''no soy nadie'' o ''soy Dragó''. Qué mensaje más potente contra la idiotez de declararse socialista, liberalconservador, budista o del Barca!

Hay dos cosas con las que nunca estuve ni estaré de acuerdo con el escritor y su percepción de la realidad. Una es su defensa de la tauromaquia, especialmente con el argumento absurdo de que ''si no se fomentara el espectáculo, se extinguiría el toro de lidia''. Una memez en toda regla, pues nadie torea -o tigrea- con tigres de bengala, y ahí está la humanidad dándolo todo para que no desaparezcan.

El segundo aspecto que me chirrió siempre era su visión crítica de España y los españoles. Después de 10 años en el extranjero, conociendo a gente buena y gente asquerosa en Alemania, ciertos relatos de Dragó -como el de la limpiadora del aeropuerto que pone la escoba para bloquear el acceso a los baños, en su obra ''Si habla mal de España''- pierden todo el sentido. Porque evidentemente, en todos sitios cuecen habas. Aún así, le agradezco enormemente su contribución a ser y hablar a diario luchando contra la corrupción y corrección políticas... mucho más trágica la segunda que la primera. 

Y tendremos que beatificarlo algún día por su frase más famosa: ''Yo no la llamo telebasura, sino telemierda, porque la basura al menos se recicla, y la mierda no''.

sábado, 1 de abril de 2023

Cambiar el mundo en una clase de idiomas

 Cuál es la diferencia entre dar clase a niños y a adultos? Hace un año no conocía la respuesta, porque llevaba más de diez años dando clase exclusivamente a adultos.

Antes de empezar en la escuela primaria, mi miedo era que los niños fueran demasiado salvajes, o que el material no fuera interesante. Lo cierto es que estoy positivamente sorprendido: los niños son muy graciosos, también son más agradecidos que los adultos y no son tan salvajes por la simple razón de que la autoridad del adulto puede amansarlos mejor que a unos adolescentes. En cuanto a los materialies, sí que pueden llegar a ser buenos y entretenidos, incluso para el profesor. Eso sí, lo que sigo echando de menos de las clases a adultos es el componente de 'cambiar el mundo'.

En octubre de 2019, un profesor de inglés famoso en el mundo BESIG (asociación conferenciante de profesores de inglés del ámbito internacional) llegó a la edición de Berlín presumiendo de haber hecho todo el trayecto desde Escocia en tren. Y es que el ecologismo, si no se presume de ello, no es ecologismo ni nada.

Pero resulta que esto no fue una simple presentación. Este profesor no venía a hablar de otra cosa que no fuera la ideología woke y la necesidad de usar las clases de idiomas para extenderla por el mundo. Cáspita, precisamente lo que yo llevaba haciendo años, pero con la ideología opuesta!

En efecto, este profesor abogaba por cambiar el mundo a través de las clases de idiomas. Suena ridículo, pero no lo es en absoluto. En qué otra situación social se da el caso de una persona desconocida abriéndose a aprender un sistema lingüístico -con todas las consecuencias culturales que ello conlleva-, a hablar de lo divino y de lo humano, de lo público y lo privado (porque sólo hablando se aprende una lengua) y además durante varias sesiones?

O es que acaso el mundo se cambia mejor en el trabajo, con colegas que han fraguado una relación bien distinta contigo, una relación plagada en muchos casos de tintes de competitividad, y por lo tanto cerrada a fuertes influencias de opinión?

Y qué tal parando a alguien en un aeropuerto, o llamando a puertas de las casas? es posible que ahí también se pueda cambiar el mundo, pero sería a velocidad de tortuga, y cosechando alguna que otra situación incómoda.

Porque ahí está la clave de las clases de idiomas: la predisposición del cliente a escuchar, repetir y aprender gracias, en muchas ocasiones, a las anécdotas o a las ideas del profesor. También a inspirarse por medio de consejos (un ejemplo fácil: decirle a un cliente que no vaya a Barcelona porque se ha convertido en el Bronx; lo mejor de todo es que no le estás mintiendo, y quizá le ahorres un susto).

Esto es un lujo del que no dispone tanto un profesor de matemáticas (que me perdone mi amigo José Carlos, que me consta que sabe cambiar el mundo muy bien por otros medios) o uno de bioogía, por la misma razón objetivista de las matemáticas.

Con los niños no se puede cambiar el mundo. Se les puede influir mucho, pero el grueso de su aprendizaje está en su propia familia. No en vano dejó escrito John Rawls que la moral filosófica olvidaba las diferencias reales entre cada uno de nosotros. O, como dice el refranero español, cada uno es de su padre y de su madre. Esta es una de las primeras y mejores lecciones de un profesor de primaria.