viernes, 24 de febrero de 2023

Noble ignorancia

 Debía correr el año 2007 o 2008, iba yo en uno de esos largos viajes en coche con mi padre de Sevilla a Madrid. Atravesando la Mancha, no sé por qué salió de su boca el concepto de 'títulos nobiliarios', y yo no tenía ni pajolera idea de qué estaba hablando. Por qué debería? recién salido del colegio y con el traslado de la Universidad de Sevilla a la Complutense aún calentito, yo era un ignorante de 20 años. Así que mi padre se encabronó con mucha razón. ''Rafa, tienes que saber lo que es un título nobiliario. Cuando seas mayor y estés en una conferencia o una fiesta de trabajo... en definitiva, cuando tengas que demostrar lo que vales en sociedad, debes saber lo que eso significa!''. Reconozco que aquel día me hizo bastante más maduro que todo el año de carrera que me esperaba en la capital.

Espero no pecar de falta de modestia si afirmo que hoy soy otra persona. No porque sea especialmente culto: en tecnología, coches, química o botánica sigo siendo igual de ignorante que entonces, aunque tenga el propósito de remediarlo a corto o medio plazo. Pero sí he ganado una muy considerable cultura general en los últimos quince años, sobre todo en los campos de geografía, Historia, política e idiomas. Algo menos la literatura. Es decir, todo aquello que conocemos como cultura general, que era a lo que se refería mi querido padre.

Y sin embargo, yo no tengo la sensación, allá donde voy, de que la cultura general sea hoy en día algo importante. En mis clases de español con trabajadores de empresas importantes alemanas, no es nada infrecuente encontrarme con clientes que no saben 'qué país está al oeste de España' o qué lengua se habla en Argentina. Estoy hablando de clientes que ganan entre 5.000 y 7.000 euros brutos al mes. Probablemente hagan su trabajo muy bien y sepan mucho del sector en el que trabajan, pero de cultura general nada. Hace cuatro años, el directivo de un departamento de compras de una empresa global que tenía que cobrar entre 200.000 y 400.000 euros anuales no sabía lo que era la 'gentrificación'. Lo peor es que esta relativa ignorancia no es castigada, como seguramente mi padre pensaba entonces. En el mundo tecnicista de hoy, los jefes de estas personas no saben mucho más de la vida, solo de aquello que trae dinero a sus organizaciones.

Pero es que ni siquiera en los círculos supuestamente 'cultos', como pueda ser una conferencia científica, uno encuentra esa cultura general. Entre los años 2013 y 2015 tuve la oportunidad de moverme por ese mundillo, y puedo certificar que son ambientes en los que los denominados 'científicos' ciñen su labor a un campo específico del que, si salen, pasan a la cultura general de un alumno o alumna de secundaria.

sábado, 18 de febrero de 2023

Pregunta corta, por favor!

 En la primavera de 2009, Intereconomía me envió al Ministerio de Igualdad que entonces dirigía la flamante ministra Bibiana Aído. Es probable que muchos se hayan olvidado ya, pero Aído era la Irene Montero de entonces, aunque he de reconocer que no llegó nunca a alcanzar el nivel de arrogancia de la marquesa de Galapagar. Sí que se le notaban pocas lecturas a la pobre, como cuando hablaba del derecho de toda mujer a ''ponerce tetas'' (sic), o cuando dijo aquello de que un no nacido en el vientre de la madre ''es un ser vivo, pero no un ser humano''.

Esto no significa que Aído no estuviera preparadísima para esquivar las preguntas de los periodistas. En esto, todos los políticos son igual de buenos. En el momento de la conferencia de prensa, existía ya el debate en la opinión pública sobre la nueva ley del aborto -en febrero de 2023 reconocido ilegalmente como derecho por el Tribunal Constitucional-, y sobre ello quería yo preguntarle. Tuve suerte, porque la ministra me cedió el micrófono, y muy nervioso yo, que había empezado en televisión un año antes, le hice la siguiente pregunta: ''Ministra, no cree que en vez de abortar se debería dar la oportunidad a las mujeres de dejar a sus hijos nacidos en adopción?''. Muy rápidamente, Aído respondió ''eso ya se hace'' y lanzó una mirada a un periodista-masajeador para dar el rumbo correcto a la rueda de prensa.

Mi pregunta fue buena, y así me lo hizo saber mi jefa de Informativos, mi estimada Susana Burgos. Lo que ni ella ni yo sabíamos entonces es que yo había caído en la trampa tan típica en la que caen muchos periodistas de lanzar una pregunta-discurso lo suficientemente larga para, sin querer, dar al político la oportunidad de preparar una respuesta esquivadora, si bien no necesariamente escueta. Algunos periodistas son profesionales en esto, como por ejemplo Javier Negre. Pero Negre es profesional porque graba sus preguntas e insistencias y las cuelga en Youtube, incluyendo las reacciones de los políticos. Yo en 2009 iba con mi cámara a hacer mi trabajo, pero no queda ni rastro de mi pregunta en ningún sitio. También desconozco si aquella rueda de prensa se estaba emitiendo en directo.

Lo que es un hecho incuestionable es que hoy, y ya desde hace mucho tiempo, los periodistas siguen formulando preguntas demasiado largas, y nadie parece tomar la iniciativa para que esto cambie. Afortunadamente, el 21 de enero de 2021, un editorial del Süddeutsche Zeitung, el periódico progresista líder en Alemania, se hizo eco de este hecho que también ha contaminado al periodismo televisivo allí. Me permito traducir al completo un maravilloso artículo -atención, está cargado de sarcasmo- nunca antes traducido al español:

El miércoles por la noche, en la cadena ZDF sucedió algo inaudito. En el especial dedicado a la investidura de Joe Biden, el presentador Matthias Fornoff tenía al ministro de Exteriores, Heiko Maas, como invitado. Se dijo lo que se tiene que decir en estas ocasiones: que se abre un nuevo capítulo y los Estados Unidos vuelven a estar a nuestra disposición como actor responsable y socio con valores. Al final de la entrevista, Fornoff dijo: ‘’por favor, una respuesta corta: está usted aliviado de que los años de Trump hayan acabado?’’. Como suele ser normal, Maas debería haber respondido con un ''mire usted, Sr. Fornoff, no nos dice ya Immanuel kant que la vida, para el alma que aprende, también en las horas más oscuras tiene un valor infinito, y cuando hablo de horas oscuras, me refiero a…’’ – etcetera, hasta que todos los televidentes hubieran olvidado el tema a tratar. Sin embargo, qué hizo Maas? Respondió ''Sí''.  Nada más, solo ''Sí'', y Fornoff estuvo tan impresionado que constató: ''esa ha sido verdaderamente una respuesta corta y clara''.

 Las entrevistas, en el acerbo cultural, persiguen el objetivo de formular preguntas que consigan respuestas con alguna novedad o al menos algo interesante sobre los tiempos que corren o sobre el Mundo, vida y muerte, actualidad y futuro. Por ello la técnica debería ser de preguntas cortas y respuestas largas, al menos más largas que las preguntas. Hay que imaginarse esto como cuando se abre un barril de cerveza: el grifo no puede ser más grande que el barril. Pero en la era de los medios de comunicación de masas se ha producido un cambio de las proporciones, con lo que los grifos se creen más grandes que los barriles. En televisión, esto se nota con los presentadores que no solo lo saben todo, por supuesto, sino que lo quieren demostrar en sus preguntas. A un par de ellos se les ha subido esto tanto a la cabeza que, como si fueran inquisidores, hacen un encierro a sus invitados con la petición de ''una respuesta corta, por favor'', para que confiesen.

 Aún les falta valentía y suspicacia a los invitados para frenar esos discursos disfrazados de preguntas con un ''pregunta corta, por favor''. En vez de ello, se vengan con respuestas que no acaban nunca. Y sin embargo existe ya un precedente de cómo podría funcionar. Gran fama ha conseguido en la historia de los medios aquella entrevista de Friedrich Nowottny a [canciller] Willy Brandt sobre su encuentro con Georges Pompidou. Se le había pedido a Brandt que fuera rápido, con lo que el viejo zorro lo interpretó a su manera y dejó tan solo cuatro respuestas: sí, claro que sí, no, sí. Y si el espíritu de Brandt se ha mudado al de Heiko Maas? Una respuesta corta, por favor! 

 

domingo, 12 de febrero de 2023

Jaque mate de una mujer al lenguaje de género

 Una de las construcciones lingüísticas en las que más se equivocan los españoles al escribir o hablar es, precisamente, la que da comienzo a este artículo. Cuando se quiere seleccionar un elemento de muchos, bastantes compatriotas (ilustrados, periodistas incluso, gente influyente) habrían empezado este texto con ''una de las construcciones lingüísticas en la que más se equivocan'' o, peor aún, ''una de la construcción lingüística en la que más se equivocan''.

Este tipo de expresiones con concordancia delicada da también problemas en otras lenguas como el alemán. En la lengua de Goethe, para esta expresión se haría uso del genitivo, siendo ''una'' también ''una'' en alemán, seguida de un objeto en plural. En este caso, estaríamos hablando de ''eine der Satzbildungen, bei denen die Spanier sich am häufigsten irren'', siendo Satzbildungen ''construcciones lingüísticas'' en plural.

De esta Satzbildung se sirve la intelectual Dorothea Wendebourg, profesora de historia eclesiástica e historia de la Reforma en la Universidad Humboldt de Berlín hasta 2017, para cuestionar la absurda ideología de género que hoy nos encontramos invadiendo el lenguaje. Y hablo de invasión porque incluso la empresa en la que trabajaba en 2021 obligó a sus trabajadores a escribir con declinación de género.

Según Wendebourg, la prensa alemana habría traducido penosamente unos titulares de la prensa americana referidos a la canciller de entonces, Ángela Merkel (canciller no se declina en español, probablemente porque no es una palabra tan utilizada en nuestra lengua, pero sí se declina en alemán: de Kanzler pasa a ser Kanzlerin). Por ejemplo, el titular ''Angela Merkel is the leading politician of the Western World'' se habría traducido al alemán como ''Angela Merkel es la política líder del mundo occidental''. Mientras que la formulación en inglés resta neutral por no tener 'politician' un género específico, el o la periodista de la traducción al alemán restringe (sin querer, se supone) el liderazgo de Merkel al denominarla líder sólo entre las políticas, o sea entre las mujeres dedicadas a la política, y no entre todos los políticos del mundo libre.

Un intérprete de la cadena pública alemana ZDF tradujo también las declaraciones de Barack Obama ''one of my favorite partners on the world stage'' como ''una de mis socias favoritas en la escena mundial'', reduciendo de nuevo a Merkel a una favorita únicamente entre las mujeres políticas, entre las que encontramos, en la última legislatura de Merkel, a la primera ministra de Nueva Zelanda, la de Islandia y la de Finlandia, por nombrar las más importantes a las que Obama podría haberse referido si de verdad se hubiera referido a féminas, que no es el caso en inglés.

De esta manera, Dorothea Wendebourg, una mujer, desmontó en un artículo del Frankfurter Allgemeine Zeitung de menos de una página lo absurdo de impregnar el lenguaje diario con la ideología de género.

sábado, 7 de enero de 2023

Un modelo de suscripción de periódico con éxito asegurado

 Estimados directores comerciales y jefes de suscripción de periódicos:

 Están desesperados porque ese anuncio permanente de ''Suscríbase ya con un 50% de descuento!'' no acaba de colar? No saben qué hacer porque han descubierto que un descuento permanente es al cliente lo que un obsoleto antibiótico a nuevas e hiperresistentes bacterias?

Voy a darles un consejo gratuito, y, si acaba aplicándose, daré por hecho que alguno de ustedes me ha hecho caso. Porque, hasta ahora, no he visto esta idea en ningún sitio, pese a que desde hace años se lee que la prensa pierde cada vez más suscriptores -e incluso lectores. Y sí, es verdad que la pérdida de suscriptores es mucho más fuerte en la prensa de papel que en la digital; pero no es menos cierto que las suscripciones a la prensa digital no suben todo lo que podrían, porque hay muchos otros medios independientes que, en Internet, compiten en igualdad de condiciones con los medios establecidos.

Antes que nada, quiero decirles que me he estado aprovechando de ustedes. Bueno, esto va por la prensa alemana, pero podría valer para la española. Sí, a lo largo de los últimos 10 años he estado firmando suscripciones gratuitas o hiperreducidas para leer prensa de papel de calidad (Frankfurter Allgemeine Zeitung, Süddeutsche Zeitung, Die Zeit, Der Freitag, Der Spiegel, The Economist, Time, etc); unas suscripciones que cancelo a su debido tiempo para que no se renueven automáticamente y hagan ustedes caja con sus precios, en mi opinión, abusivos (un periódico como Die Zeit por 6€? en serio? el mismo precio que un libro de bolsillo?). 

Mucho me temo, por cierto, que no soy el único que hace esto. Lo sé porque el Süddeutsche Zeitung, por ejemplo, tiene incluida en su política de suscripción la cláusula de ''dos suscripciones de regalo al año por hogar''. Nos estamos aprovechando de ustedes, y lo peor es que lo saben.

Sé que en cuanto les revele mi idea de modelo de suscripción exitosa van a negar con la cabeza, diciendo que es imposible, que no funcionaría porque no sería rentable. Pero lamento informarles que la práctica ya se da en otros sectores con pingües beneficios, como el de los seguros de coche y moto. Y ahora voy al grano, para no marear más la perdiz.

Qué tal si introdujeran un modelo de suscripción mensual o anual con las tarifas que ofrecen actualmente, pero con la promesa de una rebaja periódica del precio a cambio de la fidelidad, como ocurre con los seguros antes mencionados? La oferta sería mucho más atractiva en su sector, porque para que te rebajen el seguro del coche no sólo tienes que serles fiel: también tienes que evitar daños y accidentes. Con una suscripción de periódico que contara con una cuota mínima (después de unos años de contrato) aún por encima de los irrisorios precios de una suscripción de regalo de nuestros días, ustedes podrían ganar suscriptores de manera exponencial. 

Sí, estarían cobrando algo menos de lo que cobran hoy, pero ofrecerían algo diferente a la promesa actual de una subida de precio regular.

Bueno, ya me cuentan. Ahora les dejo, que acabo de descubrir una oferta regalo de Die Welt.

domingo, 1 de enero de 2023

Los familiares incómodos de Hernán D. Caro

 El articulista colombiano Hernán D. Caro, residente dede hace dos décadas en Alemania, escribió su artículo 'Unbequeme Verwandte' (familiares incómodos) en el Frankfurter Allgemeine Zeitung dos años después de la llegada del populista AMLO a la presidencia de México, un año después de la vuelta de la cleptócrata Kirchner a Argentina, algo más de un año antes del alunizaje del extremista Gabriel Boric en el palacio de la Moneda de Chile, dos años antes de la llegada del prochavista Pietro al gobierno de su patria, Colombia, dos años antes de la vuelta de Lula a Brasil y tan sólo seis meses antes de la toma del poder en Perú del golpista Pedro Castillo. 

Pese a este claro rodillo de gobiernos extremistas y ruinosos en el ya azotado continente latinoamericano (con la única excepción quizá de Lula, al que 'sólo' cabe atribuir corrupción sistémica, pero al menos garantizando crecimiento y prosperidad a su pueblo), Caro afirmaba en diciembre de 2020 que sus familiares emigrantes y residentes en Estados Unidos con tendencia a apoyar a Trump (su tío padrino Gonzalo y el marido de su prima) basaban sus ideas en ''la experiencia de los regímenes como los de Cuba o Venezuela'', un miedo ''del que también se sirven populistas conservadores de derechas (sic) en Brasil o Colombia'', claramente refiriéndose a Iván Duque o a Bolsonaro.

Con el continente sudamericano actualmente más rojo que el culo de un mandril, haciendo honrosa excepción de Ecuador y Uruguay, sería interesante saber si Hernán D. Caro ha llegado a cambiar de opinión en este tiempo. Sigue tan sorprendido de que el 32% de los inmigrantes latinos de Estados Unidos apoyen a Trump? Le chocaría saber que ese porcentaje, posiblemente, podría haber subido? Tenemos derecho a avergonzarnos, aquellos que vivimos en el primer mundo, incluido el escritor Caro, cuando hay gente que se va al extranjero y adopta una forma de pensar que rompe con lo que abunda en su patria -desempleo, inseguridad, pobreza, suciedad, crimen, ataques a la prensa independiente, amenaza al régimen de derechos y libertades- y escasea, por fortuna, en su país de acogida?

Cierto es que Caro admite entonces en su artículo que el colectivo de los inmigrantes ha sido tratado mucho tiempo de manera ilusa, pensando que forman un bloque ideológico homogéneo, cuando no es para nada el caso. Hay inmigrantes que están contra el aborto y a favor de un Estado más débil en la economía, pues claro. Sin embargo, esta aparente objetividad se rompe cuando, justo después, asegura que aunque su familia no sea así, muchos de los seguidores de Trump ''siguen siendo idiotas, fascistas y racistas'', aunque su ''visión del mundo liberal'' le permite, dice, ''más que ninguna otra'' (ajam, cuéntame más) aguantar y superar ''el conflicto y la diferencia''. 

Sin embargo, el hecho de que el autor, en el artículo, acusara al marido de su prima de ser un juerguista y alcohólico hace 10 años para apoyar ahora ideas evangélicas y valores conservadores como la familia tradicional, denota no sólo una traición al relato familiar, sino también una negación a concederle al prójimo la posibilidad de cambiar el rumbo en la vida -encima si es a mejor! 

Esta actitud está en las antípodas de los valores progresistas que usted, señor Caro, se atribuye a sí mismo.

 

jueves, 29 de diciembre de 2022

LA OBSESIÓN DE LA PRENSA ALEMANA CON LA IGLESIA CATÓLICA

 Una vez comenté a mi amigo mallorquín Carles B., germanófilo como yo, lo sorprendente que me parecía el anticatolicismo de los periódicos alemanes. Recuerdo que me explicó esa tendencia típica de los diarios germanos (son sobre todo los diarios, apenas lo notas en radio o televisión) como una revancha o ajuste de cuentas por la Guerra de los Treinta Años. Pese a haber pasado 400 años, confieso que el argumento me convenció. Después de todo, fue una guerra entre católicos y protestantes y, del tercio de la población europea que murió de hambre, enfermedad o directamente en combate, la peor parte se la llevó una Alemania dividida, hasta el día de hoy, en dos partes iguales entre católicos y protestantes.

Otra cuestión sería averiguar por qué los diarios suelen linchar a la iglesia católica y no a la protestante, si ésta también infligió un año considerable a una parte de la población alemana. Pero es fácil argüir que el protestantismo nació en Alemania y que la Reforma posibilitó entre otras cosas que la Biblia fuera traducida al alemán, favoreciendo por tanto su acceso a las capas populares de la población para adoptar inmediatamente después un cariz ilustrador, misión que también se adjudican los diarios germanos de hoy. Por ello, el protestantismo es considerado aún hoy como algo selbstverständlich (incuestionable) en la cultura alemana, así que meterse con él sería como si la prensa norcoreana se metiera con Kim Jong-un. 

Ustedes leerán esto y pensarán, ''bueno, pero esto ya pasa en España con El País''. No, se equivocan. El País suele meter cizaña con la religión en general, dado su tradicional laicismo, pero si es en particular, entonces se ceba con la Iglesia a secas, que en España, además, es básicamente católica (el término católico significa 'universal'). No así la prensa alemana, que en sus artículos de opinión y en las noticias deja intacta a la iglesia anglicana o a la protestante (los alemanes la llaman Iglesia evangélica, no confundir con la secta de los evangelistas), respeta los fundamentos del Islam cuando trata asuntos de terrorismo islamista y apenas escribe sobre los supremacistas budistas de Birmania contra la minoría musulmana de los rohingya. 

Para entender la obsesión de la prensa alemana con la iglesia católica, lo mejor es comprar el Frankfurter Allgemeine Zeitung los seis días de la semana que se imprime, pero como no todo el mundo tiene el nivel de alemán necesario para hacerlo, voy a ofrecer varios ejemplos del número 297 del FAZ del 21 de diciembre de 2020. Varios ejemplos porque, efectivamente, uno puede encontrarse alusiones a la Iglesia católica en varias ocasiones leyendo un mismo número.

En la página 6 de este número nos encontramos con un artículo de opinión del teólogo Daniel Deckers a toda página (hablamos de un periódico de formato sábana, por lo que es una página de A3) titulado ''Dieses Kreuz'' (esta cruz), con lo que ya el título, un juego de palabras que tiene sentido incluso en su traducción al español, nos avisa del doble sentido de la cruz cristiana y la cruz (obstáculo o penitencia) que la Iglesia católica representa en el mundo maravilloso que es Alemania, que sería mucho más magnífico si toda ella hubiera sido conquistada por la Reforma de Lutero.

En este artículo en cuestión se trata el supuesto conflicto entre el arzobispo 'aperturista' Julius Kardinal Döpfner y el Papa Pablo VI a finales de los sesenta, con motivo de la publicación de la Encíclica Humanae Vitae. En esta Encíclica, cuya redacción contó con la contribución del futuro Papa Juan Pablo II, como nos hace saber Deckers, se quiso confirmar básicamente la oposición de la Iglesia católica a los métodos anticonceptivos en el matrimonio. ''Se dañaría la dignidad humana si el sexo no tuviera como fin la reproducción, porque la mujer se convertiría en objeto'', resume Deckers la posición de la Iglesia, recordando que Wojtyla ya consideraba ''sagrado'' que el ser humano fuera sagrado desde el momento de su concepción en el vientre de la madre. 

Deckers centra su crítica en la comunicación burocrática y decepcionante entre Döpfner y el Vaticano, que ignora las peticiones de reconsideración del arzobispo bávaro.  Pero lo verdaderamente chocante del artículo de Deckers, que a todas luces se ensaña con el supuesto retraso ideológico o humano de la Iglesia católica de entonces, es cómo se cierra. Teniendo en cuenta que los párrafos de un artículo a toda página del FAZ suelen contar de media con unas 22 líneas, Deckers concluye con un párrafo de tan sólo dos líneas, aunque casi habría cabido en uno solo: ''Die katholische Kirche lehrt dies bis heute'' (la Iglesia católica propaga esto hasta hoy). 

En la página 8 de este mismo número, el periodista Stefan Locke hablaba en un artículo titulado 'Die Folgen des Aderlasses' (Las consecuencias de la sangría) de la situación actual de los llamados 'nuevos' Länder, o sea los antiguos estados federados de la Alemania del Este, que desde la Reunificación han perdido un cuarto de su población, que en 1990 era de 16 millones. Las razones del ascenso fuerte del partido AfD (Alternativa para Alemania) serían esta emigración y, en concreto, el hecho de que los emigrantes fueran gente joven y, por tanto, progresista. Como el artículo se centraba en la extrema derecha, Locke no desaprovechó la ocasión de describir la tasa de natalidad de los nuevos Estados del este a principios de los años 90 como ''más baja que la del Vaticano''.

En la página 11 del mismo día, un artículo de Cultura a seis columnas y con el título 'Licht an für den Großinquisitor' (Enciendan las luces para el gran inquisidor), el periodista Simon Strauss reseña la obra de teatro 'Don Karlos', de Schiller, lanzada en streaming por el teatro Schauspiel de Colonia. Aquí el anticatolicismo se nota no tanto en el periódico como en la obra de teatro en sí (Don Karlos es una referencia al Rey español Carlos I, V de Alemania), aunque Strauss se ocupa muy bien de recordar el cierre de la escena entre el Rey Carlos y el gran inquisidor (católico, se entiende), una vez asesinado Posa: ''Quién sabe si no le habría sobrecogido a uno en sus oídos, sentado en una de esas sillas vacías, la frase fría del Rey dirigida al gran inquisidor: 'he hecho lo mío, ahora haga usted lo suyo'''.

Si hubiera coleccionado todos los artículos de periódico anticatólicos de mis 10 años en Alemania, podría haber publicado un libro con el grosor de El señor de los anillos.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Querido Oliver (V): Los cibercuranderos

                                                                    Foto: The Guardian

Entre Francisco Gijón, autor de La leyenda del caballo turco, y Evgeny Morozov, creador de Syllabus, hay una gran similitud, pero también una gran diferencia. Ambos critican, cada uno a su manera, la manipulación de las masas por parte de los gigantes de Internet. Pero mientras el primero te acaba diciendo siempre en sus vídeos que no le creas tampoco a él, sino que busques por ti mismo para hacerte una opinión propia, el segundo ha creado su propio 'google' donde no hay logaritmos, sino un 'equipo' que te selecciona lo que en realidad podría -debería?- interesarte.

Cuando el Frakfurter Allgemeine Zeitung escribió sobre Morozov (Nr 295, 18/12/2020), lo encumbraba como un gurú valiente ante los gigantes como Facebook o Google. Decía que Morozov ya nos había avisado en 2010 sobre los riesgos de un Internet todopoderoso que, al contrario de lo que pensaba la 'naiv' sociedad occidental, no iba a solucionar los problemas del Mundo sino que los empeoraría. Morozov iba más allá y, siguiendo al pie de la letra ese refrán alemán de que 'se es más listo cuando se vuelve del ayuntamiento', tras cada revolución fallida -yo diría que inacabada-, veía justificada y normal la supuesta frustración de occidente por su relación venenosa con las redes sociales y, en general, Internet. La primavera árabe? nada. Las protestas de Hong Kong? nada. Irán? nada.

Curiosamente el FAZ no mencionó nada de Bielorrusia, que casualmente es el país de origen de Morozov, pero el gurú ya podría haberlo mencionado también. Porque, al igual que en el mundo árabe, en Hong Kong e Irán, en Bielorrusia también han pasado cosas en los últimos dos años. Incluso en otros países democráticos -el ejemplo más claro es Chile. Y, aunque Morozov vea estas revoluciones como fracasos, hay dos elementos indiscutibles: que sin Internet no habrían llegado tan lejos como han llegado, y que las consecuencias las vemos aún hoy en día, aunque sea a cámara lenta.

Cojamos el ejemplo de Chile. No seré yo quien apoye el gobierno filocomunista de Boric, pero es un hecho que sin Internet, sea por Tic Tok o Twitter, esas protestas lideradas entonces por Boric no habrían llegado a colocarlo como jefe de Estado hoy. 

En Hong Kong, un Internet censurado se enfrenta a la gigantesca China, por lo que, si bien no hay igualdad de condiciones entre los activistas y el régimen, los ciudadanos de la antigua colonia británica sí han logrado apoyo de la casi totalidad de la comunidad internacional por la causa de la independencia. Aunque solo sea por el cursillo de Historia y legalidad chinas que hemos aprendido en occidente, con todo lo que ello significa para comprender nuestra propia realidad, Internet ya ha merecido la pena en ese caso.

Las autoridades iraníes anunciaron en noviembre de 2022 que serían flexibles a la hora de aplicar la Constitución, mientras que la fiscalía general del país anunciaba un debate sobre la abolición de la denominada 'policía de la moral', todo tras las tremendas protestas que, sin duda, también surgieron y se reprodujeron gracias a Internet. Por cierto, aún recuerdo a la recepcionista de mi hotel en Teherán en el verano de 2015, cuando me enseñaba fotos de Facebook de amigas en su casa, ninguna de las cuales llevaba pañuelo en la cabeza.

En Túnez sí ha habido un cambio relevante, si bien no sucedió lo mismo en Egipto. Pero estos son cambios, como dije antes, a cámara lenta.

Morozov denominó ''ciber-utopismo'' a la creencia de occidente en la capacidad del todopoderoso Internet de salvar el Mundo. Pero esta es una crítica que pasa por alto un hecho incontestable: que todas las revoluciones -e Internet fue una revolución- conllevan siempre aspectos positivos y negativos. En este punto cabe preguntarse qué soluciones o alternativas nos ofrece Morozov, y con su proyecto 'Syllabus' descubrimos la madre del cordero.


Syllabus es una especie de Newsletter y es posible, evidentemente, con Internet. En su página principal vemos cómo la crítica a los 'algoritmos' (de Google, se entiende) encabeza un texto que invita a abonarse. Ofrecen indexar (ellos mismos), dar rango y revisar ''decenas de miles'' de artículos de todo el mundo y en todas las lenguas (el FAZ daba como ejemplo blogs peruanos o podcasts de Hong Kong), para poder ofrecer 'el mejor' material de lectura, escucha o vídeo. Cabe preguntarse aquí qué entiende Morozov por 'lo mejor'.

Yo me quedo con Internet y sus algoritmos. Mi casa está llena de ediciones de El País, libros de Cebrián, Chomsky y Henry Kamen, y todo porque hubo una vez que di el paso de comprar contenidos que una persona con mis ideas en general no compraría, pero ni ahora ni antes de que surgiera el Internet. Y eso llevó a que los algoritmos que me recomiendan material hoy en día me recomienden cosas de todo tipo de ideologías y tendencias. Hay que domar a esos algoritmos, y no proponer un paraíso libre de algoritmos malévolos, porque eso no existe.