jueves, 3 de enero de 2008

YA ESTÁN AQUÍ LAS REBAJAS

El enésimo acto borreguil y navideño de la humanidad, y en concreto la española, se acerca. Después de la cena de Nochebuena, la mañana noelesca del 25 y sus fuegos artificiales (importados desde hace pocos años de la Nochevieja), ésta última, la comida de Año Nuevo y la Noche de Reyes de este fin de semana, ahora vienen las tradicionales rebajas de El Corte Inglés -las mismas que ponen en jaque a los demás comercios locales, obligándoles a hacer lo mismo-, unas rebajas que estafan el bolsillo de los milesuristas, que son por cierto mayoría en las masas que se agolpan a la entrada de estos grandes almacenes. Nota: ver informativos del 7 de enero, la misma mujer de siempre nunca falla.

¿Y por qué estafan estas rebajas? pues muy fácil, porque simplemente aplican el descuento a aquello que sobra, lo abyecto, lo que incordia incluso dentro del almacén. Aún así, la gente sigue entusiasmándose. E Imanol Arias hace como el que se sorprende por los buenos precios. Y tan buenos oiga, de 35 euros bajan a 29.90 un jersey que lleva tendido en la misma estantería desde verano.

Vamos, esque o todo lo que estoy diciendo es meridianamente cierto, o soy más especial de lo que creía; porque a ver, ¿alguien puede creerse que aquello que añoraba comprarse desde finales de año, con el dinero preparado pacientemente, va a ser rebajado? ¿tiene miedo a caso de que se lo vaya a llevar antes la señora a la vanguardia? No, simplemente porque eso que usted quiere comprar nunca se rebaja, ya le he dicho que el descuento sólo es aplicable a prendas que nadie quiere o a una camiseta del Betis de la campaña 2003/2004 (muy bonita, por cierto). Puramente porque la inmensa mayoría del que va a El Corte Inglés con el exclusivo motivo de las bianuales rebajas, va sin necesidad o sin un conocimiento sólido de lo que quiere comprar.
Yo no necesito que nadie me estafe, señor Alvarez. Su firma es cara y demasiado diversificada; si alguna vez tengo que comprar algo en El Corte Inglés me voy a Oportunidades, que allí si hay cosas buenas y bonitas todo el año -escasas, sí es verdad-, pero desde luego no tengo que levantarme temprano ni ponerme en primera línea con los ojos atentos al señor de la menstruación que a veces da la impresión de ondear el banderín de salida.

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