He empezado a ver Big Fish, de Tim Burton, y he tenido que dejarlo en el minuto 43. Y no porque fuera mala, o porque tuviera prisa. Antes al contrario, el genio de Burton ha utilizado la técnica de la intriga desde el minuto 5 hasta donde yo he sabido. Y puedo meter la mano en el fuego que esa intriga persiste hasta el último minuto de la película.
La razón por la que he abandonado la proyección es bien sencilla: odio la asquerosa manera de Tim Burton de reírse de la realidad a su manera. Es un Woody Allen macabro; un cómico tenebroso; un especialista de los diálogos; no esconde nada y cuando vas a enterarte de algo, una voz en off más clarividente que nunca te confirma los peores presagios. Es un auténtico maestro.
Pero como buen maestro, conoce perfectamente a su audiencia, y en Big Fish muestra sus dotes de destapar nuestras miserias, nuestros miedos, dudas y desconfianzas. Por eso no es raro que la muerte sea la protagonista, esa protagonista sin papel ni doblaje, ni rostro, ni nada. Pero toda sinopsis, aún así, nos dice que es una 'comedia'. Menuda comedia. Es para cagarse vivo. Y ya digo que lo he dejado porque estoy sólo en mi cuarto, con mi madre en Sevilla y mi padre en Dubai. Me siento más sólo y desafortunado que nunca. Siento que el tiempo corre sin avisarme, que se sube a su tren y yo tengo que coger el próximo, que sale a una hora perdida porque, ya digo, el tiempo ya se ha ido. Ahora que lo pienso, odio a Tim Burton. Menudo genio. Minuto 43, seguiré viéndola cuando me eche una novia que me acompañe en una noche cinematográfica.
Reflexiones generales, algunas en español sobre Alemania y el resto en alemán sobre España
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viernes, 20 de noviembre de 2009
sábado, 21 de junio de 2008
CUCAS TERRORISTAS
Como dice mi amiga X, el verano ya está aquí. Y se nota, como cerraría Piedrahita. Se nota especialmente cuando abres las ventanas para refrescar el hedor del sueño pijamesco, y resulta que a la media hora la habitación se ha calentado más aún, al contrario de lo que pasa en invierno, cuando el hogar suele estar más calentito que el exterior. Eso es lo que ha pasado esta mañana, que una ráfaga ha conquistado mi cocina. Bueno, eso y que una cucaracha estaba tendida boca arriba junto a la papelera. Y ya van 7 atentados contra la intimidad de mi hermano y yo en este humilde piso.Y es que son atentados, perdonad que sea tan insistente con estos insectos, pero es que me están cansando. Desde que eché Insectrón en todas las puertas y ventanas, no paramos de amanecer con cucarachas junto a los marcos. Y esto me da especial asco, porque mi vejiga a veces me despierta a media noche, con mis ojos medio cerrados disidiendo del despertar general de los músculos para, hablando mal y pronto, ir a mear.
Sólo un mes más en este apartamento combatiendo a estos insectos terroristas que, por cierto, ¿por qué nos dan tanto asco? También las ratas dan mucho asco a la gente, sin embargo yo las cambiaba por las cucas pagando si hiciera falta. No sé si es por haber tenido a Mickey Mouse muy presente en mi vida, pero los ratones y ratas en general a mí me producen mucha simpatía, y no las cucarachas, que en todas sus formas, colores y familias, me repelen por culpa de películas como Men in Black, o simplemente por tener una cabeza tan pequeña y mover tan velozmente y al mismo tiempo tantas patas, bigotes y antenas al mismo tiempo. Patas que parecen bigotes, bigotes que parecen pies, antenas como brazos.
Una vez un amigo me dio consejo para acabar con este miedo, que fue el de marcarse en un calendario un programa para ir ''amistándose'' con estas terroristas de negro. El primer día anotaba la caricia de patas de cucarachas disecadas y el olfateo de las mismas. El segundo día aconsejaba examinar minuciosamente la cabeza. Mirarla como si fuera una cabeza humana. El tercer día ya te implicaba para coger a una cucaracha entera y mirarla en su conjunto. Así hasta que llegabas a cogerla como si acabaras de haber comprado un cachorro de perro.
Asqueroso pero cierto.
domingo, 8 de junio de 2008
VIUDAS INTRUSAS
Señora cucaracha, me repugna por varias razones, que ilustraría con una imagen, pero es que aborrezco la simple grafía referente.
Según de donde viene, se viste usted de la forma que le apetece, pero siempre provocativa; y no estamos hablando de enseñar el ombligo; oiga, es que en Madrid me la encuentro toda de negro, como de luto, y en Sevilla va de un color rojo transparente, cual miliciano que va a la guerra. Sus mierdosas alas le reportan el mismo poderío que los aviones republicanos.
Usted allana moradas sin el consentimiento del dueño, que es humano; viene en verano como si una verbena le estuviera esperando; resiste 16 veces más cómodamente que los humanos radiaciones nucleares, y sin embargo siempre acaba muriendo caparazón abajo, con la terquedad que su nula evolución le dio. Ayer fue su primera invasión; vino usted con 2 compañeros/as cubriéndole el lomo azabachado; yo leía a Julio Verne en el salón y oí una fiel reproducción de los sonidos de sus congéneres en Mimic, aquella película noventaiochesca del XX no apta para chiquillos como yo por aquella época. Pensé por un momento que habría alguien en casa; luego, dándome un golpe en la frente por iluso, pensé que serían ratas; finalmente la vi a usted correteando por mi pasillo, con zapatitos de charol en cada pata, sin llamar, como Pedro por su casa...
Se aprovechó con sus dos compañeros/as de mi descuido de dejar la puerta de la terraza abierta; abusó de mi confianza, y me tuvo en vilo hasta las 2 de la mañana. Desde esa hora hasta las 10, en que me despertó un cartero de DHL, levité mi cabeza unas 10 veces contadas para comprobar que no había cucas en la costa, con la única ráfaga lunar que poco servía por la pesadez de mis párpados... era algo más bien psicológico; tenía que levantarla quizá para evitar el olvido y no caer en una pesadilla de cucarachas.
Señoras roedoras, el verano está para escuchar a los grillos, que son algo más campesinos y menos cocinillas, quedándose en el campo; no está el periodo estival para aguantarlas ni comerse la cabeza en época de exámenes. Si quieren entrar, llamen al timbre y pidan limosna. El fregadero es para el que lava los platos, no es una puerta franca para todo insecto.
Atentamente, un afectado.
Según de donde viene, se viste usted de la forma que le apetece, pero siempre provocativa; y no estamos hablando de enseñar el ombligo; oiga, es que en Madrid me la encuentro toda de negro, como de luto, y en Sevilla va de un color rojo transparente, cual miliciano que va a la guerra. Sus mierdosas alas le reportan el mismo poderío que los aviones republicanos.
Usted allana moradas sin el consentimiento del dueño, que es humano; viene en verano como si una verbena le estuviera esperando; resiste 16 veces más cómodamente que los humanos radiaciones nucleares, y sin embargo siempre acaba muriendo caparazón abajo, con la terquedad que su nula evolución le dio. Ayer fue su primera invasión; vino usted con 2 compañeros/as cubriéndole el lomo azabachado; yo leía a Julio Verne en el salón y oí una fiel reproducción de los sonidos de sus congéneres en Mimic, aquella película noventaiochesca del XX no apta para chiquillos como yo por aquella época. Pensé por un momento que habría alguien en casa; luego, dándome un golpe en la frente por iluso, pensé que serían ratas; finalmente la vi a usted correteando por mi pasillo, con zapatitos de charol en cada pata, sin llamar, como Pedro por su casa...
Se aprovechó con sus dos compañeros/as de mi descuido de dejar la puerta de la terraza abierta; abusó de mi confianza, y me tuvo en vilo hasta las 2 de la mañana. Desde esa hora hasta las 10, en que me despertó un cartero de DHL, levité mi cabeza unas 10 veces contadas para comprobar que no había cucas en la costa, con la única ráfaga lunar que poco servía por la pesadez de mis párpados... era algo más bien psicológico; tenía que levantarla quizá para evitar el olvido y no caer en una pesadilla de cucarachas.
Señoras roedoras, el verano está para escuchar a los grillos, que son algo más campesinos y menos cocinillas, quedándose en el campo; no está el periodo estival para aguantarlas ni comerse la cabeza en época de exámenes. Si quieren entrar, llamen al timbre y pidan limosna. El fregadero es para el que lava los platos, no es una puerta franca para todo insecto.
Atentamente, un afectado.
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