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domingo, 30 de enero de 2011

EN BUSCA DE LA LIBERTAD

Primero fueron los tunecinos, ahora son los egipcios. La sorprendente revolución que azota el mundo árabe mediterráneo parece que no tiene frenos. Arrolla todo cuanto se pone por delante sin miedo a la tragedia. La policía no dura más que uno o dos días, y a partir del tercero hay que empezar a hablar de palabras mayores, de armas mayores.

Estas revueltas casi espontáneas, fruto, dicen, del poder de las redes sociales, están poniendo de manifiesto que el régimen político de las repúblicas donde predomina el Islam no tiene por qué atenerse a los preceptos de éste, ni subordinar a la totalidad del pueblo a unas creencias. Pero dejan claro, sobre todo, que el Islam no requiere necesariamente de un líder que se justifique en los designios divinos.

Ha llegado la hora de la libertad, de la caída de la 'alfombra de acero'. Los árabes se han dado cuenta de que participan de un mundo globalizado con reglas aún de un régimen arcaico y sin razón. Ben Ali, Mubarak, y quién sabe si pronto Mohamed VI (aunque me da a mí que éste último tiene un je ne sais quoi que encandila a sus vasallos) se llevan las manos a la cabeza sin entender la repentina sublevación de un pueblo siempre manso. Los políticos octogenarios no comprenden el lema unido de la gente islámica: ''estamos dispuestos a dar nuestra vida... por la libertad''.

martes, 1 de junio de 2010

LA NUEVA RELIGIÓN

Leo en el periódico que el catalán Luis Eduardo Aute, que vivió en Filipinas durante su infancia, se llevó un gran sopapo a su llegada a España en 1954. Acostumbrado a vivir en libertad, a hablar cuatro lenguas -castellano, catalán, tagalo e inglés-, su apertura de miras no conocía topes. Cuenta que al llegar a este país ''todo era pecado'', la situación era ''casi de posguerra'' y la sociedad estaba llena de tullidos por los tres años de enfrentamiento. El panorama no es difícil de imaginar con esta descripción, y menos con el contraste palpalble entre la piel de toro y una ex colonia española tan sensual y recién independizada como Filipinas.

De 1954 a 2010 ha llovido mucho, sobre todo en Galicia, pero pocas cosas han cambiado tanto como la presencia de la religión entre la gente. Sigue habiendo los mismos pelotazos, la misma pobreza material e intelectual, la misma picardía, la envidia, el gusto por mandar y la falta de transparencia en casi todo. Pero la religión no es la misma. Hay una nueva religión, y mucho me temo que ésta, lejos de extinguirse, aún no ha conocido el apogeo.

Es la religión de vivir el presente al máximo, de no parar el tren ni para recargar vapor o leña. A veces envidio a quienes así viven, pero, volviendo a Aute, la amplia perspectiva que tengo de la realidad, la capacidad de ponerme en la piel de otras personas que he conocido que están mal, me frenan en seco y me hacen preguntarme: ¿no nos estaremos despistando? ¿en vez de matar el tiempo, no lo estaremos torturando poco a poco?

''Y para qué tanto relleno, si la va a palmar igual'', me decía Misa ayer, viendo en las noticias cómo pese a la crisis la gente encuentra alternativas baratas a la cirujía estética. Pues eso.

miércoles, 24 de marzo de 2010

CRÓNICAS DE FRANKFURT (III)

PREDIKATOR

Nunca me había detenido a oír a un profeta. En la calle Zeil, en una tarde de sábado, me dio por pararme: quería escuchar a aquel negro enfundado en blanco. Era el clon de Geoffrey, mayordomo del Príncipe de Bel-Air. Hablaba de Dios y del cristianismo, y lo sabía por sus palabras, no por el cartel que había colocado en inglés, desplegado en el suelo: ''Gott, Gott, Gott...'' Sus dotes oratorias me hipnotizaron por completo, y no quise moverme en 30 minutos.

Con mi pobre alemán podía entender lo básico: ''Dios no está aquí (se apunta al bolsillo). Nein (disiente con la cabeza). Dios está en el corazón (se apunta al pecho)''. Ningún lugar mejor que esa arteria comercial de Frankfurt, con una nube encima que amenazaba lluvia y apocalipsis para la noche, para expresar el rechazo al consumismo y lanzar una llamada a la fe.

Cuando paraba de hablar y miraba a su alrededor, dando vueltas, soltaba de vez en cuando un ''Aleluyá'' con acento en la última sílaba, dándole a sus oraciones y profecías un toque afrikaans. Esto provocaba la risa de los autóctonos.

''Dios no está aquí (hace pequeños aspavientos con su dedo índice derecho). Nein. Está en el corazón.''

sábado, 12 de diciembre de 2009

UNA APORÍA DE NAVIDAD

En esta Navidad, la progresía nacional -o del Estado, como prefieran- se enfrenta al gran dilema de todas las santas fiestas, desde que la Virgen Globalización entrara como un frente frío por Galicia y saliera por el estrecho, digo la estrechez, de miras de los que presumen de vivir con el corazón a la izquierda: ¿Le damos a la fiebre antiamericana, o a la anticlerical?

El dilema en cuestión, desde la llegada de Obama al poder, se ha transformado en aporía: ¿colocamos el arbolito de Navidad, o el portal de Belén? Los que tienen más dinero apuestan por ambos, no se sabe si por aburrimiento, rancio consumismo, finos remordimientos o pura ofuscación de gustos. Abetos los hay muy buenos en Leroy Merlin e Ikea, que no desaprovechan la oportunidad de hacer su agosto en unas fiestas de 'solsticio de invierno' que se presentan con vacas flacas. Mientras, los Nacimientos salen siempre del mismo sitio, con el mismo polvo y las mismas telarañas: hay algunos portales que cuentan ya con figuras de Jesús mutiladas, algo que lejos de animar a renovar la maqueta lleva a inferir un cierto romanticismo en el tema.

En fin; yo lo que voy a pedirle a mi madre para Nochebuena es un buen menú Big King, aprovechando que llevo semanas sin ver a mis familiares.

sábado, 22 de noviembre de 2008

CON PENA Y SIN GLORIA

Hoy venía en el metro de trabajar, bastante aterrado. Iba de pie porque era de esos vagones con asientos imposibles, pegados unos frente a otros, a los que se accede de canto. Permanecí pegado a las puertas y 2 parejas de hombres trajeados se subieron. Eran ellos, los mismos que andaban varios meses por Moratalaz tratando de convencer a la gente, timbre y sonrisa mediante, de que Dios vive y está en nuestras casas. Eso algunos creyentes ya lo sabemos. Lo que sobra es el traje y la placa en el pecho. Y mucho más, la ''anunciación'' como si del butanero se tratara.

He estado investigando un poco en Internet, a raiz de las chapas que llevaban encima los sujetos, y he podido conocer que se trataba de miembros de los Hermanos Mayores de la Rosa Cruz. En la enciclopedia popular Wikipedia esto es lo que saben de ellos:

De un modo general, los rosacruces defienden la fraternidad entre todos los seres humanos. Para los rosacruces, los seres humanos pueden desarrollar sus potencialidades para hacerse mejores, más sabios y felices.
Estos objetivos, según los rosacruces, pueden ser alcanzados por medio de un cambio personal de
pensamientos, hábitos y sentimientos. Según ellos,
esto sólo es posible si se elimina el velo de ignorancia que cubre los ojos de
los hombres.
La recompensa de aquellos que consiguen este objetivo, que es de
naturaleza espiritual, es una paz profunda consigo mismo. Estado éste que se
irradia desde el individuo y alcanza a todas las personas alrededor, produciendo
en todos una repercusión positiva.

Cuando vi que 3 de ellos eran de aspecto anglosajón y uno de ellos sudamericano, la duda llamó a la puerta. Precisamente hace unas semanas otros dos agentes enfundados en trajes impolutos llamaban a mi puerta, y dada la contigüedad de mi piso con el portal de la calle -vivo en un bajo- salí en seguida: -Lo siento, soy cristiano -dije, dejando que la puerta de cierre automatizado hiciera su labor sin que los apóstoles insistieran demasiado -¡Pero nosotros también...!


Estos 4 personajes gregarios que hoy iban en el metro se repartieron en dos parejas, como digo, y mientras una de ellas -la del sudamericano y un compañero con gafas- camelaba a un grupo de chicas jóvenes con una sonrisa constante, los otros dos, dos caballeros de la orden de Enrique VIII a juzgar por su altura y modo de estar, se dejaban seducir por un pobre hombre que acabó siendo interesado por ellos. Quizá la soledad del sábado le pilló recuperándose en mal momento.

Uno de ellos, Elder Scott, debía ser un buen chico antes de entrar en la secta. Tenía un tick nervioso que, con sus ojos azules y pelo dorado, aún así, le hacía un auténtico simio de los de Tim Burton. Cada fracción de segundo, bien guiñaba un ojo, bien los abría como sorprendido, bien sacaba la lengua con la intención frustrada de relamerse una oreja. Pero siempre una sonrisa; también su compañero, que estaba de espaldas a mí, en virtud de lo cual pude ardvertir una carretera deslumbrante en la espalda de su traje. O no se lo había quitado en mucho tiempo, o simplemente la secta no daba para más, prestando uniformes por doquier.

El sudamericano se llamaba Elder Guerrero; el esoterismo doctrinal que se escondía detrás de su sonrisa era paradójicamente gracioso con tal apellido. No se puede ser feliz guerreando.

domingo, 23 de marzo de 2008

FELIZ DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Como el relato de mis escasos 6 días disfrutando del clima inestable y la familia Germscheid en Alemania puede cogerme mucho tiempo, empezando por el upload de las fotos y la organización previsiblemente en forma de retahíla de las vacaciones de semana santa -en las que me abstuve, una vez más, a acudir a las procesiones capillitas-, he decidido, aprovechando que ayer no quise perderme la celebración de la Pascua en el Monasterio de las Redentoristas de Carabanchel Alto, dedicar la entrada de hoy, breve, a esta nueva experiencia de mi encuentro con el Señor.

El cirio pascual en el monasterio de Sta.María Huerta, en Soria. SS 2007

Lo de capillitas y mi manía generalizada por los exaltados religiosos lo llevo diciendo mucho tiempo, y antes de que me haya cansado por fin ha salido ya un gran escritor de origen sevillano, como es Paco Robles, sacando a la luz un libro con las sombras de una práctica más que nos acerca a esa comparación confusa, odiosa e inevitable con América Central fuera de nuestras fronteras. Eso sí, lo hace sin renunciar al humor hispalense titulándolo Tontos de capirote, qué mejor título para un libro que pretende la divulgación pagana de las reflexiones intelectuales sobre un rito que presume de traer las mayores inyecciones de dinero a las arcas de las ciudades andaluzas.

Ayer, después de llegar de Alemania el viernes noche, cogí el metro para llegar un poco después de la Vigilia Pascual, cenar y celebrar esa larga misa por la resurección del señor, salida al gélido recibidor exterior y hoguera incluídas. Allí estaba JR, dándome una inesperada sorpresa con la presencia de Carlos, el granaíno del Espino de 2006, con el que viajé a Euskadi por una carretera burgalesa a pie y compartiendo un bonito diálogo, con un fondo montañoso verdoso y pajares y trigales dorados a los costados, además de esos carteles delimitadores de provincia con pintadas reivindicativas de lo vasco que una vez, dicen los abertzales, ocupó Treviño.

A simple vista parezco un enterao del tema religioso, pero descuidad, Vigilia, Pascua y cirio es de lo poco que uno acaba interiorizando después de tanto tiempo contemplando los pasos del cristianismo, que es al fin y al cabo, la religión a la que un servidor está afiliado. No, no lo soy. Igual que puedo ser el que menos idea tenga de entre todos los sevillanos, de izquierdas o derechas, cubanitos, barrigasllenas, de las decenas de procesiones que salen a la calle levantás por esos costaleros que al lunes siguiente se cagan en el Rey y en lo que gana Rajoy.

No. Ayer fue algo diferente, como en la Pascua de Jerez de 2005, que aunque la viví algo triste, fue también una experiencia. Si de aquella Pascua recuerdo lavarle los pies a Julia, en esta puedo presumir de que Juan Ramón me haya rebautizado, de forma recíproca, claro. La de ayer fue una Pascua en familia, en una de las capillas más pequeñas que he conocido nunca. Eramos apenas 25 asistentes, de los que solo 4 estábamos en la veintena, como pude apreciar. El ejército de monjas nos superaba en número y organización, todas del mismo color.

No obstante, ayer todos contábamos con un mismo arma, la Fe.

jueves, 20 de diciembre de 2007

QUERIDA NAVIDAD

Querida Navidad, no se cual secretario tuyo recibirá esta carta, si Santa Claus, Gaspar, Melchor o Baltasar, pero confío en que te llegue a tí íntegramente y en persona, como a mi me llega todo lo que plasmo en ella.

El motivo de la presente es confesarte definitivamente que sí, que mi novia es España, estoy enamorado de ella, lo cual no significa que te haya puesto los cuernos. ¿Porqué? simplemente porque tú me abandonaste antes; es más, no creo que seas la misma de siempre, has cambiado y demasiado.

Antes eras jovial, y como todas primeras citas me hacías vestirme de gala, me subvencionabas mis mejores sonrisas, me alegraba ver que esas luces de fondo en las largas avenidas de todo pueblo y ciudad aventuraban tu llegada con motivo del nacimiento de Cristo y avisaban a la gente que debían de telefonear a esos queridos familiares que nunca veían, los olvidados. Antes, con tu presencia, yo me recorría todas las casas de mis familiares para recoger aquello que los Reyes habían dejado. Antes, la carta leída por el Rey (el jefe de Estado, me refiero) era símbolo de la calidez humana, la que no conocía límites ni fronteras a tu lado, una calidez que, pese al sumo desinterés generalizado en la sociedad, hacía a muchos pegarse al televisor. El discurso era, a decir verdad, un buen repaso del año al que todos querían despedir con entusiasmo y de todas las maneras.

Ahora, ya no me visto de gala. Me pongo el pantalón más cómodo para cenar. Mi única motivación es familiar, por tanto la cena de Nochebuena es como otra cualquiera, tan bien recibida como las demás. Ya casi no sonrío pues los anuncios de televisión y radio parecen acaparar todas las sonrisas del mundo, o al menos las de Occidente. La felicidad se amalgama en unos pocos y la tristeza de otros obstruye una ínfima idea de lo que en el Primer Mundo se cuaja. Navidad, joder, esque eres la única época del año en la que no podemos decir ''en todos sitios cuecen habas.'' ¿Cómo quieres gustarme?. Ahora me doy cuenta, además, de que las luces no las pones tú, las ponen los alcaldes, que presumen de luchar contra el cambio climático colocándolas de tipo halógeno. Además, mientras el calentamiento global retrasa las nevadas, estos alcaldes adelantan el alumbrado. No lo se, no lo entiendo, y a tí no te comprendo. Encima, ahora soy consciente de que los familiares, lo más mayores, se van perdiendo. Vas conociendo amigos que se van quedando huérfanos, a mi edad, sin tener yo nada que decir, llegando a darme cuenta de lo mucho que tenemos y lo poco que tienen otros. Ahora leo periódicos y tengo que aguantar las críticas llamaceristas e incondicionales al discurso navideño de Don Juan Carlos, y son cada vez menos los que ríen los chistes a politicuchos como Rodrigo Torrijos, quien ahora te llama ''Solsticio de Invierno''. Esto me lo tendrás que explicar, pues hasta ahora creía que tu único mote era Navidad, proveniente de Natividad.

Ahora parece que nos olvidamos de quién es esa Natividad. El Corte Inglés va abriendo sus puertas todos los domingos de diciembre, como las iglesias, pero son desafortunadamente los grandes almacenes los que de verdad aglutinan a la mayoría de la gente. Los medios de comunicación patrocinan este atropeyo y tú sólo te dejas tocar, manipular, vender, y en definitiva me pones los cuernos, si no se los has puesto ya a otro.