viernes, 20 de octubre de 2023

De gatos y fascistas

 Cuando mi hijo empezó a hablar hace algunos meses, llamaba a todos los animales 'atze' (gato), porque tenemos dos gatos en casa. El caballo de mi mujer? gato. Un perro por la calle? gato. Un alien en alguna película? gato. Tan solo hace poco empezó a discernir, y ya sólo llama 'atze' a los gatos. De hecho, a la gata ya la llama por su nombre propio: Mancha.

Hay adultos que se pasan toda la vida poniéndole un nombre erróneo a lo desconocido o a lo odiado. Hoy en día, los más fanáticos denominan como 'fascista' a aquel que no le sigue la corriente progresista o woke; y aquellos de los que se espera una cierta intelectualidad -por ejemplo en la prensa- no dudan en denominar como 'conspiranoico' al que cuestiona, por ejemplo, el origen del coronavirus, incluso ahora que contamos con artículos y reportajes de periódicos liberales y/o progresistas como el Financial Times, Cicero o Time que ponen en duda la tesis del murciélago y apuntan al centro virológico de Wuhan, basándose por supuesto en datos fidedignos.

Hace exactamente 14 años conocí a un periodista canario en los Cursos del Escorial. Él rondaba ya los 30 años y yo empezaba los 20. Tuvimos una conversación muy interesante y orteguiana en su habitación después de una conferencia de Raúl del Pozo, en la que yo le había impresionado por una pregunta muy filosófica, que Del Pozo, sin embargo, oyó mirando el reloj y soltando al micrófono sin querer ''bueno, a ver cuándo se acaba esto''. Qué mal está España, sí, desde luego, qué mal estamos los periodistas, sí, sí. Victimismo juvenil en su máxima potencia.

Tras mi vídeo viral de Intereconomía, este periodista, al que llamaré aquí Adán, me contactó -creo que por Facebook- muy indignado, comentándome lo mucho que se había equivocado buscando una amistad que, en realidad, no había llegado más lejos (no había vuelto a verlo después de los cursos de verano). Pero hasta ahora lo he tenido en Linkedin, y resulta que Adán ha publicado mucho últimamente, o al menos me aparece más de lo normal en mi feed. Así que hace un par de días decidí escribir un comentario a una entrada suya.

En su entrada, Adán, en la línea con aquella conversación del verano de 2009, se quejaba de que, aunque él no fuera un periodista o escritor del nivel de Borges, estaba un poco apenado por el estado del periodismo, porque le ofrecía poco dinero por su trabajo, ''menos que a una limpiadora'', en sus propias palabras, que sólo se puede permitir un progresista porque si lo dice un liberal, es clasista. Es decir, en la misma entrada, Adán denunciaba el estado precario de la profesión pero reconocía no ser especialmente bueno en esa profesión. Mi comentario resumía básicamente la realidad del periodismo actual: como cualquier servicio o producto del mercado, aquello que no está muy demandado cotiza poco. La gente, hoy en día, busca más bien la tecnología, la casa y el coche propio. Así, se benefician los ingenieros y los notarios, le puse. Adán le había contestado a todos menos a mí: sólo me dio un like.  

Esta mañana, Adán ha compartido un artículo de otra periodista independiente con el mensaje 'leedlo, es gratis para los primeros 10 lectores, así que daos prisa'. El artículo trataba de Javier Milei, que iba a cargarse ''los jalones que quedan de Argentina'', según Adán. Me meto en el artículo, que, dos horas después de haber sido compartido, está abierto, por lo que se confirma que no ha entrado suficiente gente. Va en la misma línea que el artículo de Christoph Gurk en Süddeutsche Zeitung hoy: Milei es un ''destructor'', es el ''hombre de la motosierra''. También El País calificaba a Milei ayer de ''extrema derecha''.

Entonces me acuerdo de mi niño, cuando, hace escasos meses, aún llamaba 'atze' a cualquier animal viviente, incluso a los aliens que veía en pantalla. Esa mezcla de falta de experiencia, autoengaño y disponibilidad las 24 horas a escribir y pensar lo que aquellos que sí tienen experiencia y medios quieren que escriban y piensen.  


lunes, 2 de octubre de 2023

Sánchez, la amnistía y las polillas venenosas

 Una noche de verano de 1966, un ejemplar de una de las polillas más bonitas de Norteamérica, la polilla ornamentada o, en su nombre científico, utethesia ornatrix, quedó atrapada en una telaraña. Tal como lo relata Thomas Eisner en su libro 'For love of insects', una polilla normal habría aleteado desesperadamente para huir del mordisco letal de la araña, pero esta polilla de alas rosas con puntos negros sobre círculos blancos se quedó inmóvil, pese a notar la cercanía del arácnido. Cuando la araña llegó, dudó por un instante, y decidió empezar a cortar todos los nudos de la seda que apresaba a la polilla, dejándola caer.

Eisner estudió el fenómeno y aprendió que las larvas de esta polilla se alimentan de unas hojas venenosas del arbusto denominado crotalaria. Ese veneno, también llamado alcaloides, ahuyenta a los herbívoros, pero encanta a las larvas de la polilla ornamentada. Al alimentarse de alcaloides, parte del líquido tóxico queda en su sangre, con lo que se protegen en el futuro, tras pasar la metamorfosis, de sus depredadores potenciales.

Cuando empecé a escribir este artículo pensaba comparar a la araña con los separatistas, nacionalistas y proetarras españoles, ese grupo depredador atraído por un sujeto bello pero profundamente venenoso como Pedro Sánchez, que ha absorbido a otros depredadores de antaño como Susana Díaz, Pablo Iglesias o ERC; pero luego lo he reconsiderado y me pregunto si no podría ser también una alegoría del votante socialista. Después de todo, no hay que envilecer a la pobre araña, que es un ser vivo como cualquier otro con derecho a cazar, comer y sobrevivir. 

Después de todo, el votante socialista también caza (bueno, va a trabajar si no vive de la subvención), come y sobrevive. Se siente atraído por un líder guapo (el más guapo de todos los presidentes de toda la democracia!), que no se mueve ni para dar la réplica al primer candidato a la investidura, Feijoo, y aunque este líder le robe y lo arruine, y esté a dos telediarios de amnistiar a delincuentes no arrepentidos regalándoles la soberanía de una parte de su territorio a otros, el votante arácnido tiene la obligación de acercarse primero y luego perdonarle la vida al guapo.

Pero lo mismo me confundo, y Sánchez es la araña amnistiando al polilla Puigdemont. Qué lío.