Compro, por curiosidad, la revista alemana Jacobin. Fundada en 2020 ''sin siquiera una oficina'' ni ''inversores'', como presumen sus dueños, a finales de 2023 habían conseguido 8.000 suscriptores.
Habría que preguntarse para qué necesita una revista autoproclamada socialista unos inversores, ya que los inversores solo ponen dinero para sacarle rendimiento, es decir, siguen las reglas del capitalismo que tanto critican. Pero esta crítica está tan manida que cansa. Vayamos a las incongruencias subyacentes.
En este número de diciembre de 2023 que tengo en mis manos, un reportaje sobre el pensador marxista de Guyana Walter Rodney lo cita con el biensonante juicio de que ''África no es pobre por una inferioridad cultural o natural de los africanos, sino por el capitalismo de occidente''. Este reportaje con esta cita de Rodney podría haber cerrado una bonita edición de 88 páginas con el potencial incluso de doblar los suscriptores de izquierdas a 16.000, si no fuera porque los redactores incurrieron en el error de incluir un par de historias más a la revista que contradicen frontalmente al pobre Rodney.
Justo después, el redactor Michael G. Vann firma un artículo sobre el boom de las series y películas de Corea del Sur, esa perla capitalista y proamericana de Asia. Vann tan solo cita como receta de éxito el ''talento'' de directores como Bong Joon Ho (Parásitos), pero poco más. Nada acerca de las condiciones económicas que favorecen la producción de cine.
Es que acaso no hay talento de directores en África?
Se revuelve Rodney en su tumba. Cuando murió, en 1980, Corea del Sur ya llevaba algunos años de milagro económico capitalista. Pero jamás habría pensado que cuatro décadas después, una revista socialista le daría la razón para quitársela unas páginas más adelante.
En África hay talento. Lo que no hay son surcoreanos.
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