sábado, 1 de noviembre de 2008

¿OÍDO AÍDO?

Acaba de venir mi hermano para explicarme, muy sulfurado, que ayer no le dejó pasar un portero de discoteca muy caprichoso. ¿La razón? Había que tener más de 23 años. Para más inri, a las tías desde siempre se las ha permitido entrar gratis (por aquello de que escasean) mientras que a los caballeros se les ha aplicado desde que Solbes tiene uso de razón los 12 euros por copa y entrada. Entonces he intentado comprenderle y estar a su lado, emocionalmente, hasta que le he confesado que no me importaba absolutamente nada, que no pensaba gastar más saliva para denunciar la subnormalidad de alguna gente que permite a algunos niñatos la admisión y a otros no. Pero entonces me he acordado, en estos tiempos de crisis, vacas flacas y adoquines de barro, que tenemos un Ministerio de Igualdad.

Llegada a un punto la discusión -él asegura que la policía puede intervenir para dejar pasar a los clientes, y yo le aseguro que eso no es factible en un club privado- sobre qué alternativas había sobre la mesa para poder entrar en una discoteca, me he planteado, sin necesidad de un Comité de expertos, la urgente necesidad de una Ley que regule la igualdad en el campo del ocio, dirigida además a un sector clave: la juventud.

Pero no; el Ministerio de la menestra Aído nació con dos objetivos mucho más importantes: desarrollar la Ley de Igualdad -supongo que a estas alturas deberíamos haber creado un Ministerio del Tabaco para regular la Ley de 2006- y elaborar la nueva Ley de Interrupción Volunta... patatín patatán, del ABORTO, que tiene que ver con la Igualdad lo que yo con los franciscanos.

2 comentarios:

Miguel Pérez Martín dijo...

Siempre he pensado que la creación de un Ministerio de Igualdad es lo má contrario a la Igualdad. El feminismo en sí tal y como se concibe en nuestra sociedad no es sino (de nuevo) una exclusión de las propias féminas. Nos quejábamos de el machismo de épocas pasadas y vamos y creamos un Ministerio que pone de manifiesto que las mujeres necesitan una ayuda para ser iguales que los hombres. Creo que la ley de paridad (por ejemplo en el trabajo) va en contra de la lógica aplastante de la valía, y en un futuro irá en detrimento del propio desarrollo (es decir, los mejor preparados o más cualificados podrían quedarse sin el puesto porque ya hay un cupo de hombres o de mujeres que no puede ser rebasado, y hay que contratar a alguien del otro sexo a pesar de que no tenga la preparación adecuada).
Así, queriendo Igualdad, volvemos a discriminar, y de nuevo por cuestión de sexo, con una ley que va en contra de la Inteligencia en muchos aspectos.
Si yo fuera mujer, para mi sería una ofensa y un menosprecio que me trataran como en una receta ("si señora, para un cocido echa usted mitad de judías y mitad de garbanzos, no se vaya usted a pasar, eh?"). Creo que si de lo que se trata es de reivindicar que la mujer vale igual que el hombre (algo que es evidente y notorio), el camino está en educar. Y cuando digo educar, me refiero a enseñar en los colegios a base de sentido común, y no a base de ley y multazo. En fin, serán cosas de mi mente omnubilada, pero a mi me da que no se ponen todas las cartas sobre la mesa...

Silvia dijo...

jajajajajaj vaya, vaya con la MENESTRA Aído... jajajaja