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Ciertamente, José Luis Rodríguez Zapatero está más quemado que la pipa de un indio. Y su pasarela de otoño/invierno es larga y aún no ha empezado a caminar. Agosto nos dejó más de 60.000 nuevos parados, un pequeño barranco que vaticina todo un precipicio para septiembre, octubre y noviembre. Para finales de este mes su primera huelga general (en España las huelgas generales tienen apellido de marqués: de González, de Aznar...) deteriorará aún más el azul oscuro de la bancada gubernamental.
A principios de octubre la política nacional se centrará en Madrid, donde Trinidad Jiménez y Tomás Gómez, con o sin Rubalcaba por medio, acabarán por dividir a un PSOE que, ya totalmente separado en ideología del PSC catalán, está en plena ebullición. Trinidad tendrá que salir del Gobierno pierda o gane, porque hasta ahora habíamos visto a ministros pidiendo el voto pero no un voto propio. Aunque en España cierto es que lo inédito se hace normal una vez es público.
Celestino Corbacho, bien por su posible candidatura en las elecciones catalanas bien por el ladrillo de parados que pesa sobre sus espaldas, también trae de cabeza al presidente. Ya son dos las personas nominadas al Oscar: ''oscar-gasteis mi Gobierno''. La pregunta es: ¿Quién es hoy lo suficientemente fiel a Zapatero en sus peores y probablemente últimos momentos, y sin haber estado en el Ejecutivo?
Ya no quedan cartas en la baraja.