Mostrando entradas con la etiqueta Videojuegos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Videojuegos. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de diciembre de 2007

JUEGOS QUE MARCARON MI INFANCIA

Y eso que nunca llegué a jugar a una de sus primeras versiones. Entonces sólo me limitaba a mirar cómo tanto mi hermano como mi primo hacían de una zona verde todo un parque de atracciones que de traer microbuses pasaban a recibir grandes autocares de dos plantas. Estos autobuses eran un elemento más del juego que te informaba sobre el crecimiento del parque.

Era de los únicos juegos que, posiblemente debido a mi baja capacidad cognitiva para manejarme con videojuegos 'de mayores', o a mi todavía etapa de aprendizaje (que también se extrapolaba al campo de la informática), atraían mi atención mientras mi primo Alf o mi hermano Joki se enganchaban como muchos millones de personas que hicieron del Theme Park el 10º juego más comprado del mundo (diríamos vendido una vez que la piratería se afincara sólidamente algo más tarde).

Como este juego también Prince of Persia fue uno de aquellos videojuegos que marcaron una época, aquella en la que Borja aún ocupaba su habitación de siempre y en la que, para sorpresa de toda la familia llegó a instalar el todonovedoso Punto Informático. Allí, con unos gráficos muy mejorables, veíamos saltar al rubiales del Prince para alcanzar las cotas que le llevarían al rescate de su amada, no sin pasar serias dificultades, como compuertas cerradas, guardias Reales y pinchos que a decir verdad, y para mi edad, no eran nada recomendables cuando daban a conocer la muerte al protagonista del juego, que caía atravesando dichos pinchos con la camisa blanca bien manchada de rojo. El sonido era escaso, a penas se activaba cuando el príncipe habría compuertas, cuando luchaba o cuando caía en la trampa de los pinchos, en este último caso el sonido era parecido al de los tanks también famosos (y uno de los primeros juegos con capacidad multijugador) cuando se desplazaban por corrimientos de tierra.

domingo, 26 de agosto de 2007

Y EL VERANO SE ESFUMÓ

TRES MESES VIVIDOS INTENSAMENTE

El verano llega a su recta final (bueno, las vacaciones, mejor dicho). De hecho, el verano llegó a su final en el momento en que puse pie en Alemania, donde no ha parado de llover y donde en estos momentos hay una niebla de película de fantasmas.

La estación estival termina oficialmente el 21 de septiembre, pero yo salgo mañana de Alemania porque el 3 de septiembre tengo un examen de alemán, y el 21 uno de inglés, aparte del curso Master de COPE que me atañe a finales de mes en mi facultad y que se puede considerar como el pistoletazo de salida para mi segundo año de carrera.

¿El balance? bueno, dividiendo el verano en dos partes (España- Espino, Madrid, Sevilla y Pamplona/ Alemania) creo que el balance es muy positivo. Es muy positivo porque además de haber estado bastante bien y haberme dado tiempo para reflexionar y preguntarme quién soy y a donde voy, catalogándolo así como un verano especial, creo que este verano es el que más experiencias, conocimientos y satisfacciones me ha regalado.

Jamás pensé que en 4 semanas me iba a dar tiempo a juntarme con dos grupos de amigos diferentes, el de Lina y el de Nico. A compatibilizar los fines de semana, a permitirme el lujo de ir a Bélgica y conocer a Alberto, amigo de mi hermano, y hacer botellón en una plaza vacía y desconocida (gracioso, el único botellón del verano, en Bruselas je je). Cuando venía para acá me imaginé que mi tiempo se iba a deslizar sobre la única dedicación al trabajo, a los deberes y al estudio, pero lo cierto es que me ha sido muy fácil encontrar mi hueco, como ya hice en Canada, aunque aquí lo he disfrutado mucho más (no quita que en Canadá hayan sido muchos más grupos de gente, y de decenas de procedencias y nacionalidades).

Lo curioso es hacer un balance así de positivo cuando todavía queda mucho septiembre por delante en Sevilla, y un año que termine donde termine, espero que sea bastante mejor que el anterior y con la sabiduría de aceptar, rechazar y vivir todo aquello que incumbe a un curso universitario, en el que se convive a diario con más de cien personas y se saluda cada día, ni dudarlo, a más de 50.

Lo más importante en cualquier institución, empezando por la familia y terminando por el colegio o universidad, es saber afrontar las cosas. Yo sabía que en un año iba a tener problemas con alguien, pero no por mí, sino porque en un año da tiempo para muchas cosas, para conocer a mucha gente y para que en el momento más jugoso como universitario, en plena clase, venga alguien que inesperadamente te lo tire abajo, sin tú tener una explicación ni mucho menos una cara con la que quedarte por haberte robado ese momento. Y quien no acepte que la química solo se da entre varios grupos de personas, es que es un cínico, pero si encima es repelido por varios compañeros es que tiene que darse cuenta que tiene que recapacitar y buscar quién es el verdadero culpable. Sobre todo si ya ha tenido la sangre fría de 'dejar de hablarme', como si eso fuera a hacer más daño. Pero bueno, pese a lamentarse, ser honestos y sensatos con la realidad, creo que siempre tenemos que quedarnos con lo mejor, y yo me quedo con un buen puñado de personas que han marcado mi ciclo como universitario, incluídos Josele y su delegación de matemáticos.

Jugar al Paintball con matemáticos es algo muy bonito, te los ves a todos haciendo raíces cuadradas e inecuaciones para saber en qué momento tienes que salir del arbusto, en qué momento tienes que pegar ese tiro que tanto te sale del alma. Pero los matemáticos tienen un fallo: son humanos. Se equivocan y en algunos momentos son totalmente vulnerables, como los periodistas, que también se equivocan. Es el caso mío, en el que ocupaba aquella posición tan distinguida, subido al montículo de cemento, y tras ver un objeto no identificado (Murillo) moviéndose bajo el puente, claro, las ansias de disparar se me disparan, valga la redundancia, y aquél es un momento en el que no te da tiempo a diferenciar entre el mono verde y el de camuflaje. Desafortunadamente fueron 3 o 4 tiros los que el pobre Murillo, en mi mismo equipo, se llevó de gratis, pero lo más gracioso fueron los insultos que él mismo profería contra mi persona, bueno, contra mi puta cara y eso, je je, aunque tampoco podía distinguirme porque en la distancia yo tenía puesta la máscara y había 6 compañeros vestidos igual que yo. Claro, el Murillo, entre las risas del árbitro (que también llevaba máscara pero se le escuchaban las carcajadas a dos kilómetros), subía del puente pegando muletazos con la metralleta y deseandito saber mi identidad. Solo faltaba Paco gritando: ''No seáis cafres! ¿pero que has hecho mongolo?''

De izq. a dcha: J. Carlos, Murillo, Paco, yo, Puga, Juanito, Quintana y Fidi


¡Qué día! En pleno mes de junio. Este octubre repetiremos, y esta vez hará más fresquito. Podemos decir que abrimos la temporada estival con una partida y la terminaremos con otra. Será el último gran evento del semestre en el que los examenes están todavía... en otro hemisferio.