lunes, 14 de septiembre de 2009

LA CARACOLA

REAL

Caminante son tus huellas... caminante no hay sorpresa, se encuentran sorpresas al andar. Iba yo lozano por las orillas de Varadero cuando topé con una pieza blanca y rugosa, tan grande que me hizo detener el paso, notando de esta manera un vientecillo que soplaba los pelillos de mi pecholobo veinteañero. Se trataba de una caracola enorme. Antes de que la agarrara, la estudié unos segundos y dos cubanas que se estaban bañando se percataron del botín que acababa de encontrarme de pura coña, teniendo en cuenta que era la hora de recogida para todos los bañistas.
-¡Eres un ladróoon, papito! -dijo la más guapa de ellas.

- Yo l'a vihto primero -respondí, como buen paisano de don Rodrigo de Triana.

La feilla -aunque con buen cuerpo- hizo una mueca de confusión, no entendió mis palabras, pero la guapa abrió la boca en una expresión típica de las mujeres cuando sus pichoncitos dicen una barbaridad.


FICCIÓN


Me adentré en las cálidas aguas del Atlántico cubano, sorteando las medusas visibles e invisibles, y aquello parecía una sopa. Parecía que un montón de niños se hubieran meado de repente, pero allí sólo estaban ellas, todavía a bastante distancia. Miré a mi izquierda; el Sol se iba a dormir y reventaba hasta manchar el cielo de tinta naranja. Como si hubiera robado en El Corte Inglés.

Llegué hasta ellas y la guapa fue entonces la fea, y la fea me pareció mucho más guapa.

-Con una condición -extendí la caracola a ambas por igual. -Que me hagáis una foto con ella.

Cogieron mi móvil y el flash me hizo despertar, por sorpresa, en la isla de la Paranoia.

1 comentario:

Mercedes dijo...

¡Ja, ja, ja, ja, caracolas, Falete! A ver si me voy a tener que ir tan lejos para inspirar a mis escrituras!

Besos paranoides!!!!! :-D

PD.-Me parece increíble que existan unas aguas tan cálidas, cuando yo me he helado las entrañas en los intratables mares del norte!