viernes, 11 de septiembre de 2020

El abuelito gélido


El 'abuelito gélido' era durante el tiempo que duraron las dictaduras soviéticas (hasta 1991) el sustituto de Papá Noel, ese icono cruel del capitalismo feroz. El primer ministro comunista de Checoslovaquia lo explicó así en 1952: ''El pequeño niño Jesús es un símbolo de la vieja Navidad, un cuento de ricos y poderosos. Pero los tiempos han cambiado. Ahora tenemos al abuelito gélido''. Uno lee este anuncio y parece que está oyendo a Pablo Iglesias Turrión en 2020.

O a Sánchez. Aunque en el caso del presidente español con gélido no nos estaríamos refiriendo a las temperturas siberianas, sino a la cara y corazón de piedra -el nombre de Pedro no le puede venir mejor- que este político obseso con el poder, mucho más agarrado a él que todos sus predecesores juntos, demuestra tener para cada acción o declaración. 

Ahora lamenta el presidente del Fraude, y lo lamenta profundamente, el suicidio de un etarra en una cárcel. No me puedo imaginar cuántos minutos tendríamos que esperar para ver cualquier avenida de España con hogueras y disturbios si hubiese sido un presidente conservador el que hubiera lamentado la muerte de un terrorista de... esperen, lo olvidaba. En España no existe ni ha existido ningún terrorismo o movimiento derechista que secuestre, extorsione o mate por la espalda. Con razón no me lo puedo imaginar.

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Los españoles no te han hecho nada, Can Dündar

 Can Dündar es un periodista turco, exdirector del periódico progresista Cumhuriyet que, tras ser acusado por la corrupta justicia de Erdogan en 2015 y pasar un tiempo en prisión provisional, abandonó su país y se estableció en Alemania en 2016.

No creo que haga falta explicar aquí nada sobre la política turca ni los acontecimientos de los últimos años en este país tan europeo como asiático, tan occidental como oriental, ejemplo en el siglo XX de una lograda secularización y modernización sin parangón. Y al mismo tiempo rehén del despótico sultán Erdogan desde la segunda década de este siglo.

Foto cortesía de Euronews


Lo que sí puedo decir es que el Sr Dündar era para mí hasta hace poco un buen ejemplo de intelectual comprometido con los derechos, la legalidad y la libertad de su país quien, si bien era reconocido como hombre 'de izquierdas' en Turquía, para mí era comparable -por los valores antes descritos- a cualquier líder opositor de, pongamos, Venezuela, y por tanto fácilmente catalogable 'de derechas' si su causa se hubiera dado en este otro país. En definitiva, Dündar era claramente un disidente admirable, cuya lucha escapaba al interés de atribuirle una determinada ideología.

Pero claro, cuál es la manía favorita de un pensador famoso en todo el mundo para ganar los apoyos a su causa? Hacerse amigo de movimientos y personas que, en apariencia, están perseguidos por los mismos sátrapas y luchan con los mismos fines, cuando en realidad no es así.

Y es que Dündar escribe en el periódico liberal Die Zeit desde que llegó a Alemania, casi siempre centrado en relatar los atropellos de la dictadura otomana de Erdogan; pero de vez en cuando, echa mano de causas extranjeras, en busca quizá de la legitimación que no encuentra en Turquía o su nuevo país de acogida, Alemania.

El año pasado, por ejemplo, Dündar escribió un artículo titulado Gefängnisbesuch in Katalonien (Visita a prisión en Cataluña), en el que vino a usar la emotividad y lágrimas del hijo de un político preso por el golpe de Estado de octubre de 2017, y a criticar las supuestas similitudes entre la dictadura blanda de Erdogan y la España democrática, arguyendo el falso argumento de que 'también en España existe la prisión provisional sin acusación'. Se le olvidó mencionar la fuga de Puigdemont tras ser llamado éste a declarar, y mira que le daban espacio en el texto. Toda la página 44, en un periódico de formato sábana.

Antisistema demencial

 Desde entonces, y tras otros delirios en su cuenta de Twitter, Dündar pasó a ser para mí lo que llamo un antisistema demencial. Es decir, una persona que, si bien podría ser legítimamente antisistema en su país por contar con un régimen de sistema dictatorial, no tiene reparos en mostrarse también como antisistema ante un país como España, que en 2018 fue incluido en la lista de The Economist de 20 países más democráticos del mundo.

En este blog, y tras una pausa de cuatro a
ños, seguiré comentando noticias y columnas de la prensa internacional que me ayuden a desarrollar mis reflexiones.

domingo, 24 de abril de 2016

PEDRO DE TENA TIRA LA TOALLA




El conocido periodista Pedro de Tena anunció esta semana que cerraba su diario digital Por Andalucía Libre. Es una buena ocasión para brindaros una reflexión sobre este periodista, sin la intención de que sea una hagiografía o un libelo. Cuando escribo sobre una persona, me gusta aportar tanto lo positivo como lo negativo. En el contraste está la objetividad.

La primera vez que oí hablar de él fue a través de mi padre, hace algunos años. Concretamente, a través de su libro La Tela de Araña andaluza, un grandísimo libro, tanto por la cantidad de datos, pelos y señales que prueban la inmensa corrupción del régimen andaluz, como por lo pulquérrimo de sus fuentes.


Luego he tenido oportunidad de seguir a esta cultísima persona por sus colaboraciones habituales en Libertad Digital o en EsRadio, hasta que un día se dio la ocasión de conocerlo en persona. Fue en la presentación en público de El Demócrata Liberal, en marzo de 2015, digital en el que colaboro y que es ya, tras la retirada de El Mundo de Andalucía y la rendición de Por Andalucía Libre, el único medio periodístico de oposición a la Junta de Andalucía, sin ánimo de exagerar.

Quería hoy rendir aquí, en mi cuaderno de bitácora particular y no en EDL, una reflexión sobre De Tena, concretamente sobre la gran decepción que sentí con este periodista aquel día de presentación en Sevilla. Me ha movido a ello una cita en su despedida de Por Andalucía Libre, la siguiente:


Dice De Tena que, tras el agotamiento que sufre, es hora de dar paso a gente más joven, ''con más fortaleza y resistencia'', para la lucha contra el régimen hipercorrupto de Andalucía.

Y me ha salido una sonrisilla socarrona.

El día de la presentación de El Demócrata Liberal había en la sala del Palacio de los Marqueses de la Algaba de Sevilla unas 100 personas. Entre ellas, periodistas, profesores universitarios, políticos (de UPyD) y familiares de los ponentes. También Pedro de Tena estaba allí, en la última fila. Y no hizo falta ser médico o notario para atestiguar, a ojo de buen cubero, que, de todos los asistentes, tan solo dos o tres eran menores de 28 años. Y uno de ellos era yo, el colaborador más joven de EDL y ponente aquel día. Una verdadera pena, vamos.

A la salida de aquel encuentro un grupo reducido de personas nos fuimos a tomar cervezas -con él- a un bar. Yo estaba como loco, tenía incluso mi saquito de aceitunas, porque había venido esa misma mañana desde Alemania, hasta el día siguiente, solo para asistir a este importante acto. No me podía creer que me estuviera librando del frío alemán, hablando de política con el Sol de la Alameda, con una Cruzcampo y en compañía de Pedro de Tena, uno de los más valientes periodistas de Andalucía!

A medida que íbamos bebiendo, empezaba a descubrir mejor al periodista de Tena. Lo primero que llama la atención es que no es tartamudo, a pesar de la impresión que da cuando participa en radio o televisión. Habla por los codos, siempre soltando un chiste (generalmente verde) cada dos frases. Y en pocos minutos uno lo reconoce como lo que los alemanes llaman un besserwisser, o sabelotodo. Una de esas personas que acaparan prácticamente toda la conversación, casi sin escuchar ni dar oportunidad de hablar a los demás.

En un momento de la conversación, De Tena me dijo algo directamente a la cara. Me echó en cara dos veces, pero sin perder su aura chistosa, mi pesimismo radical. Un año después, comprendo que con radical querría diferenciar mi pesimismo del suyo, el que le lleva a cerrar su página por lo siguiente:


 

Al día siguiente, el 8 de marzo, cuando aterrizaba en Alemania por la noche, mis amigos de EDL me comunicaban por Wassap los detalles de un artículo escrito en Libertaddigital.com en el que De Tena resumía el día anterior. De Tena, ese periodista que quiere legar su combate contra el PSOE andaluz a los más jóvenes, admiraba y daba las gracias al público que se había desplazado desde lugares tan lejanos como Málaga, pero no mencionaba mi visita, la de un ponente de 27 años, joven emigrante andaluz que retornaba para luchar, desde nada menos que Alemania. A cambio, y esto es lo que me dejó estupefacto, dejaba una línea escrita en la que hacía referencia a mí sin nombrarme: ''No negaré que algún pesimista radical, que no veía salida real del hoyo andaluz, también sorbía cruzcampo.''

Como De Tena me había dejado su teléfono, esa misma noche le puse un Wassap pidiéndole explicaciones por ese comentario inoportuno. Cuando me subía al tren en el aeropuerto, tarde ya, para volver a Stuttgart, me contestó con un mensaje que me dejó más atónito aún si cabe. No lo guardo porque quedó en el móvil antiguo, pero venía a decir que era una broma y que en vez de tomármelo a mal debería respetarle y decir básicamente que sí a todo, no vaya a ser que por incauto se me cerraran puertas en la vida laboral. Alucinante! No daba crédito.

Quise responderle que no era una manera respetuosa de contestarme y que tampoco era el típico plumilla que él se creía que yo era. Quise decirle que él jamás conocería a un joven licenciado en Periodismo que rechazara, como yo con 26 años, sentado una tarde de abril de 2014 en el despacho del director de El Correo de Andalucía, David López Royo, el puesto de subdirector por 2.500€ al mes arguyendo que se siente más libre en el extranjero. Pero no pude decirle esto. No contesté nada. Me quedé callado por respeto a mis compañeros de EDL, en especial a Luis, que tanto había hecho para ganarse el apoyo de De Tena a nuestra publicación.

Es una verdadera pena que, en una región donde un periodista de calidad se despide de su actividad diaria denunciando la falta de liderazgos para el cambio, aquellas escasas figuras jóvenes que brillan -perdonen la falta de modestia, pero uno sabe de inmediato que brilla más que la media!- no solo no sean reconocidas, sino que encima sean despreciadas de esta manera. 

Y es que este ha sido siempre el principal problema en cualquier área o región donde se precisa un cambio: la desconfianza, celos o malentendidos entre las fuerzas que podrían lograrlo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

What is Romanticism

Romanticism is not, as many people think, a dinner with red wine and roses on a balcony. A romantic person is not someone who writes poems so their loved ones.

Actually, a basic condition of romanticism requires that two person cannot meet, or even will not meet again -after falling in love with each other. It is dispair, regret, and the feeling of having lost something. Or rather not having had it.

It happened in Oslo, Norway, last Sunday. She went out of Mucho Mas, a Mexican restaurant. She asked me for a famous local bar in Norwegian, but I didn't understand. She was there with two more people (sister, mother maybe?), and started a short conversation with me. But it was cold. Of course the other two people were in a hurry. I was making jokes, she was laughing. She said with her beautiful nordic accent: ''We are from the mountains''. According to her, from a city between Oslo and Berggen. She said ''I have seen you before, right?''. I said, removing my hat, that I was Spanish, so she could not have seen me before.

It was a romantic situation because I didn't ask her for her telephone number. I could have asked her because she was open enough. But as always, they are always open when they are 'protected' by other women -they act like castle towers. Indeed, romantic tales always need a castle story.

lunes, 17 de agosto de 2015

EL CLUB SOHO DE MOSCÚ

Hay tres tipos de sitio que no soporto. Primero los hospitales, por la sensación de tristeza, desesperanza y casi de guerra. Luego están los controles de seguridad de los aeropuertos, con sus reglas diferentes según qué país y personal y con tanto novato en la cola. Y por último están las discotecas, esos templos dedicados a las divinidades del sudor y el alcohol en los que raramente me lo he pasado bien alguna vez. Vamos, que mientras Dios descansaba al séptimo día, el diablo estaba componiendo el Danza Koduro para ponerlo a tope y que nadie se entendiera más que con el dinero y las copas. Todo esto lo pensaba hasta el pasado mes de abril, cuando visité el club Soho de Moscú (calle наб. Саввинская, 12, стр. 8) y se me cambiaron todos los esquemas.

Llegué en un taxi con seis alemanes. Nos encontraríamos con otros 13 dentro de la discoteca. Frente a la puerta, varios Ferrari y Bugatti. Al ascender por una alfombra roja, dos rusas vestidas de doncella nos pidieron las entradas. Estaba todo adornado como una casa de montaña. Al subir teníamos nuestra mesa preparada: asientos bajos, cojines blancos, camareros preparando las primeras bebidas y comienzo de los ensayos del grupo de música a nuestras espaldas. La coordinadora nos informó de que teníamos un bote de 90.000 rublos (unos 2.000 euros, el total de todas las entradas) para gastar libremente. Como se trataba de una mayoría de alemanes, y no juerguistas hispanos, al salir yo el último a las 7 de la mañana nuestra mesa seguía con superávit, y no déficit. Pero no adelantemos acontecimientos.

Cuando estaba convencido de que aquella noche solo la dedicaríamos al vodka, empezaron a llegar tapas de gambas fritas y cazón en adobo (cazón en adobo en la capital del antiguo imperio de los Romanov!), además de sushi, lo cual formaba una perfecta combinación. La gente se empezó a animar para bailar, y ya saben ustedes como son las rusas: el hombre paga, y es algo indiscutible. Forma parte de la cultura rusa como para un andaluz puede ser... no sé, votar al PSOE de Andalucía. Es algo paisajístico y, si en Andalucía el que hace lo contrario es un facha, en Rusia el rarito no se come un rosco. Así que tonto de mí, cuando mi presa me pidió que la invitara a champán, en vez de cargarlo a la mesa, que es lo que hubiera hecho cualquier sindicalista, me acerqué a la barra y me quedé más tieso que la mojama cuando me cobraron 18€ por una simple copa de cava.

Llegaba la hora de bajar a la primera planta (todo esto sucedía en la terraza, en primavera aún cubierta), y allí nos encontramos con una plataforma en la que bailaban dos rusas en bikini rodeando a un chaval con gafitas, una especie de Errejón, que agarraba un violín con fruición y miraba a todo el público en silencio. Esta Aufführung no la he visto nunca. No entiendo mucho de música, pero encontré muy agradable esa mezcla de House con violín. Pero todavía no me había dado tiempo a saborear este espectáculo cuando una camarera, en medio de la pista de baile, se hizo paso detrás de mí con una bandeja de platitos con caviar para los presentes. Un servidor alucinaba. Yo ya no tenía claro si allí se celebraba la nueva edición de Miss Rusia -motivo por el que escogimos este club- o el recibimiento a algún nuevo consejero en la Junta.

La guinda a la noche la puso el amanecer. Cuando el Sol entra por los infinitos cristales del Soho, el juerguista puede contemplar los rascacielos del distrito financiero de Moscú, su río principal y, en general, la tranquilidad muerta de las mañanas poscomunistas. En Soho viví una de esas mañanas en las que puedes contemplarte también a ti mismo, pidiendo una cocacola a la hora del lechero. Es la ventaja de la introspección. La herramienta más potente del progreso!

domingo, 12 de octubre de 2014

PARA MÍ EL 12-O ES...

Cuando era más joven me apasionaba España. Llegué a comprar una bandera nacional en Rosa Negra, una tienda en el centro de Sevilla, y la colgué de mi cuarto. En el primer coche que tuve para moverme por Sevilla y Madrid, durante la universidad, puse también una cinta de tela alrededor del retrovisor -algo que entonces estaba de moda y que, según percibo, ya no se lleva tanto. En mi año en Canadá, con 18 años, veía TVE 24h por Internet y escuchaba a Jiménez Losantos por la noche, cuando en España era por la mañana. Echaba de menos Sevilla, Andalucía, la playa, los amigos, el colegio, la seguridad de que tu familia te lo prepare y resuelva todo. Y es que Montreal me cambió, porque tenía que ir al banco a despachar yo mis asuntos, tuve que pagar mis primeras facturas de teléfono, lidiar con el técnico -atreviéndome en francés- que vino a instalarme Internet al piso. En fin, que me desvío. Estaba hablando del profundo amor y nostalgia que sentía por mi país. En los años anteriores a trasladarme a Madrid, veía también el desfile del 12 de octubre con gran emoción y alegría.

Poco a poco, fui abriendo los ojos. Algunos ya lo sabéis y habéis leido a lo largo de los últimos años mi opinión del pueblo español, refrendada en mis lecturas de Larra, Quevedo, Ortega y otros autores internacionales, además de muchos actuales. No obstante, no todo fue leer, también observar. Con los años me he llegado a convencer profundamente, gracias también a los viajes, de que los principales problemas de una nación como España comienzan desde el pueblo, o sea desde abajo, no desde arriba. Lamentablemente soy una excepción fulgurante, puesto que mis compatriotas pecan de orgullo (y la consiguiente falta de autocrítica) al igual que los alemanes pecan de exactitud o los turcos de etnocentrismo. La carrera de Periodismo me ofreció mucho tiempo para leer y también para observar. Madrid es un gran laboratorio de España, un crisol de culturas, estilos y procedencias. Una encrucijada donde hay de todo yendo hacia todos lados, donde a veces nada es lo que parece y donde los golpes de suerte a veces suceden a los de mala suerte y vice versa. Ya escribiré algún día alguna entrada dedicada a Madrid. 

Total, que algún día aciago me deshice de la bandera y dejé de sentir nada por mi país. Además seguí viajando y desarraigándome, y mi cuerpo se convertía en un rompecabezas con piezas de los cinco continentes, de donde sacaba lo bueno para intentar sustituir las piezas malas; o sea, que mi postura en España cada vez era más de turista, ya nunca más de ciudadano. Y es que empezaba a comprender algo que nunca supe explicar con palabras hasta que ayer leí un artículo en El Confidencial en el que se recordaba la definición de nación por Ernest Renan''Una gran agregación de hombres, sana de espíritu y cálida de corazón, crea una conciencia moral que se llama nación. Mientras esa conciencia moral demuestre tener fuerza por los sacrificios que exige la abdicación del individuo en beneficio de la comunidad, la nación será legítima, tendrá derecho a existir''. Cuando digo que los problemas empiezan desde abajo, y no desde el poder político, me refiero a que en España no ha existido, hasta ahora que yo sepa al menos, una abdicación del individuo en beneficio de la comunidad. Empezando si queréis por los empresarios, ¡ojo!, pero de ninguna manera quedándose ahí la cosa. Hoy en día, el parado quiere extender lo máximo posible su prestación, no vaya a ser que el Estado -o sea, todos nosotros- ose quedarse con más de lo que él ha aportado; el trabajador también quiere aportar lo menos posible a las arcas, empezando por ese 20% de economía sumergida a la que, por cierto, Pablo Iglesias aún no se ha referido. El 70% de los jóvenes quiere ser funcionario. Y, al final, la vaca del estado -machacada, para más inri, por la corrupción, el enchufismo y el derroche- está más tiesa que el que se fue a pedir prestada una cuerda para ahorcarse. 

De hecho, pongo la tele hoy y mi desilusión -¡qué digo, desilusión era antes, ahora es desinterés!- es mucho más grande con el izado de banderas o con la perspectiva de todos esos políticos inútiles en la grada. Me meto en Twitter y veo que #NoHayNadaqueCelebrar es Trending Topic en Sevilla. Como lo oyen. Y no os creáis que se trata de una autocrítica sobre nuestra cultura y mentalidad actuales, que sería bienvenida y sana, sino, como siempre, una que mira a nuestros complejos históricos. Una autocrítica sobre lo que nuestros ancestros de hace 500 años emprendieron en una época muy distinta donde no había un consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que autorizara o no invasiones porque simplemente las invasiones no existían, como tampoco existían fronteras ni guardias en una cabina que te pusieran un sello en el pasaporte. Comentarios de denuncia del tipo 'genocidio', o 'saqueo', o 'vergüenza' florecen aún en Twitter por gente a la que le encanta criticar pero no proponer. Gente que no sabe, sencillamente, ofrecer un modelo ideal de país más allá de la retórica facilona y anticapitalista desde, por supuesto, un I-Phone. 

Por todo esto, y porque mis planes de futuro pasan por asentarme aún más en Alemania y seguir conociendo su historia más reciente, sus problemas y ambiciones, cuando hoy he puesto la tele y he visto al Rey Felipe mirar en silencio la bandera que honraba a los que han dado su vida por España en el pasado, los pelos ya no se me han puesto de gallina como hace seis, siete años, cuando aún estaba en la Complutense; ni he sentido nada especial. De repente, las únicas brasas de emoción que he encontrado han sido en un recoveco de la chimenea de mis sentimientos, al acordarme de grandes personajes que hoy verían con más tristeza aún que en sus tiempos la deriva de mi país: San Isidoro de Sevilla, Nipho, Quevedo, Larra, Costa, Castelar, Cánovas del Castillo, Unamuno, Baroja, Azaña, Umbral, Antonio Herrero y otros muchos. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

EL ESTADO ES UN BOTE

Mi amiga N comparte vivienda con dos amigos, S y A, en una céntrica calle de Heilbronn. Se trata del típico piso de estudiantes, en alemán Wohnungsgesellschaft, con tres habitaciones, cocina y baño para compartir. Lo que suele distinguir a lasWohnungsgesellschaften de los pisos a secas, o Wohnungen, es que estos últimos sí tienen salón. Por tanto, mi amiga N tan sólo comparte las zonas comunes de la cocina y el baño.

Cuando yo llegué a la ciudad en octubre y no tenía nada, N me invitó a pasar la noche en su casa. A la mañana siguiente descubrí un bote en la cocina con un par de billetes de 5 euros y varias monedas. Por lo visto, me dijo, es algo típicamente alemán: los que comparten el piso hacen sus pequeñas aportaciones mensuales para comprar utensilios y productos de limpieza para la casa. No es la aportación lo que me sorprendió, pues eso se hace en todos los pisos compartidos del mundo, sino el hecho de que el bote estuviera en la cocina y al alcance de cualquiera, incluso durante las visitas.

No obstante, no tengo planeado comentar los paralelismos entre la transparencia gubernamental y la doméstica en un país como Alemania en contraste con España, sino que me voy a centrar en el bote en sí. En el concepto de presupuesto. Me gustaría reflexionar sobre lo que está pasando en España en estos momentos con el ejemplo de ese bote, para que mis amigos lo entiendan. Antes que nada, querría simplemente señalar la diferencia entre déficit y deuda. El déficit es la diferencia entre lo que se ingresa y lo que se gasta, es decir, si el bote recibe unos ingresos de 15 euros mensuales y se gastan 20 en productos para la casa que benefician a todos sus ocupantes, el déficit mensual de ese bote será del 25%. En el presupuesto del mes siguiente, por tanto, a los gastos previstos hay que incluir ese déficit de 5 euros, que suele financiarse con deuda (pedir prestado a otros). Si mi amiga N quiere endeudarse para poder financiar el bote, lo que hace es emitir unos bonos de deuda que gente con dinero compra. El bono es un simple ticket que dice ''te debo este dinero en el futuro, más los intereses'', avalado por mi amiga N.  

Hoy hemos conocido con gran alarmismo la noticia de que la deuda española ha alcanzado el 94% del PIB, la cifra más elevada de los últimos 100 años. La noticia la han dado los mismos medios que día a día nos informan con gran regocijo e irresponsabilidad de los ''éxitos'' del Tesoro Público (órgano encargado de emitir bonos de deuda) en la emisión de títulos de deuda. Así que cuando leas una noticia, querido amigo, con el Tesoro en el titular, más vale que te eches a temblar, porque están informando de lo que vas a deber a los acreedores en el futuro.

¿Qué está sucediendo con el bote español? Hablando en plata, que mucha gente está chupando de él. ¿Por qué llevamos teniendo un alto déficit desde que estalló la crisis? Ésta no es una pregunta metafísica, pese a que a muchos interesados les guste compararla al ''ser o no ser'' de Shakespeare o a juegos esotéricos. La pregunta tiene una respuesta más fácil de lo que parece, y es simple: el Estado gasta más de lo que ingresa. Inmediatamente surge otra pregunta: ¿cómo es posible, con esos recortes que no paran desde el estallido de la crisis? La respuesta es ''depende de qué recortes''. De nuevo, nos topamos con la manipulación del Gobierno y los medios, que para más inri, forman parte del sector más afectado por dicha crisis y necesitan vender miedo como sea. En una reveladora noticia de El Confidencial de septiembre de 2013, a la Comunidad de Madrid se le había desbocado el gasto sanitario un 37% en pleno proceso de privatización. Es decir, mentira aquello de que la privatización traiga automáticamente más eficiencia. Al mismo tiempo, Libremercado aseguraba más tarde que los gastos de la Comunidad de Madrid en Sanidad y Educación habían aumentado en 7.800 millones en plena crisis. Todo esto apunta a que las administraciones han eliminado camas, pero no personal, y no solo en Madrid. Finalmente, los datos de la EPA de 2013 le dejan a uno paralizado: el año pasado, el número de funcionarios se había reducido con respecto a 2011 en casi 300.000 personas, pero de 2007 a 2011 (los años más duros de la crisis) el número de empleados públicos había llegado a aumentar en 346.000. Los coches oficiales, asesores, agencias, el número de políticos y sus dietas, desgraciadamente, no entran en la EPA.

Con estos datos, y mientras la deuda sigue creciendo, no le queda a uno más remedio que entender la encrucijada que Luis del Pino nos propone: los españoles hemos de decidir entre autonomías y estado de bienestar. Sin embargo, cuando uno vive en Alemania y es consciente de que aquí también hay descentralización y las regiones son sostenibles, cabe preguntarse si no es un problema de la vigilancia que los españoles hacemos de ese bote que es nuestro Estado. España es actualmente una pocilga, pero de aquellos polvos que levantábamos al bailar, estos lodos en los que nos peleamos a garrotazo, como en el cuadro de Goya. Digo bailar porque, desde que gobierna Mariano Rajoy y el Estado ya no da ni para papeles de bonos de deuda, tengo la impresión de que hay muchos más rebeldes que antes, especialmente en la red, y concretamente ''rebeldes sin causa'', como los define Julio Anguita, gente que, mientras toda nuestra mierda se gestaba, no protestaba, porque se conformaba al ver dinero entrando y saliendo del bote sin control. Es gente que, en los buenos tiempos bailaba, reía y frivolizaba. La Historia de España está en la película del Gran Gatsby: ''en aquel tiempo todos bebíamos demasiado. Mientras más armonía teníamos con la época más bebíamos''