sábado, 24 de diciembre de 2022

Querido Oliver (IV): es la caza de izquierdas o de derechas?

 Depende de a quién le preguntes. Si te imaginas al típico cazador español, probablemente te vendría a la cabeza un agricultor o propietario de fincas de Vox fumándose un puro. 

Pero Karl Jetter nos recordó una vez la dificultad de las autoridades francesas de restringir la caza, sagrada entre las clases populares de Francia porque el pueblo se había encargado de arrancársela a los nobles durante la Revolución Francesa.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Querido Oliver (III): El sueño argentino

 

 

Justo después de que acabara la gran final del Mundial entre Argentina y Francia, unos periodistas entrevistaron al portero de la albiceleste, Emiliano Martínez, mientras el narrador alemán traducía las preguntas y respuestas. Todo el planeta Tierra estaba pendiente de lo que dijera uno de los héroes del conjunto de Argentina, para la que no sólo Messi había sido determinante, pues el mismo Martínez paró un penalti a Francia, y en el partido anterior otros dos ante Holanda. Tras la segunda o tercera pregunta, el cancerbero argentino dijo entre lágrimas que provenía de una familia de clase baja, y que por eso mismo esta victoria suponía un gran triunfo para él. No tengo claro si esta entrevista fue antes o después de llevarse un guante al pene y simular una erección, acompañada de una cara de... quiero suponer que satisfacción, aunque parezca más bien de subnormal.

Es cierto que había gente en España contraria a que ganara Messi. Por dos motivos. La mayoría de los contrarios a Argentina en realidad deseaban que Messi, antaño jugador del FC Barcelona, se fuera con manos vacías. Otra parte de españoles, si hacemos caso al Follonero y a Rosa Villacastín, eran contrarios a Argentina por razones históricas (según el Follonero, por razones de raza). Después de todo, Argentina es el país de Latinoamérica que probablemente con más intensidad ha celebrado siempre la independencia de España. Yo, al contrario, y como muchos otros españoles, me declaré fiel hincha de los argentinos desde el momento en que España cayó en octavos. Siempre que haya un equipo hispano en un evento de esta magnitud, aunque sea por razones pragmáticas (fama acrecentada de un país hispanohablante), hay que apoyarlo. Dicho quede, por tanto, que me sigo alegrando mucho de la victoria de Argentina.

Pero es que ayer, dos días después de la final, vi en el perfil de Instagram de un buen amigo mío argentino, aunque muy peronista, un vídeo de Messi con 10 o 12 años, respondiendo a las preguntas de un reportero. ''Cuál es tu sueño, Leo?'', preguntó el periodista. ''Jugar en la selección argentina'', respondió Messi. No quiero negar para nada que esto, en caliente, sea algo emocionante de ver, pero tras oír a Emiliano Martínez y ver ese vídeo de Messi en tan poco espacio de tiempo me parece preciso puntualizar que algo falla en el concepto de ''llegar alto'' en un país que fue tanto y que ha caído tan bajo en las últimas décadas, económica y políticamente hablando.

Es fascinante ver cómo en Estados Unidos, hasta el día de hoy, el sueño americano sigue consistiendo en prosperar con un negocio, con la familia, en política o con la vida en general habiendo empezado desde cero. No hay duda alguna de que esto nunca dejó de ser un sueño, y que allí prosperas sólo endeudándote a lo grande con los estudios o con el seguro médico. Pero al menos, como leyenda popular e incluso cinematográfica sigue rigiendo.  En Argentina, al parecer, el sueño se ciñe sobre todo al deporte, y en concreto al fútbol. Qué puntazo lo de Jorge Lanata vistiéndose de futbolista en 2013 cuando Fernández de Kirchner situó los partidos importantes de fútbol a la misma hora que su emisión política.

Mis buenos amigos kirchneristas deberían hacerse la siguiente pregunta, que es clave para entender el error fundamental de tomar a un personaje como Messi como ejemplo a seguir: cuántos jugadores como Messi está dispuesta a integrar una selección de fútbol en una generación entera (pongamos 3 o 4 mundiales de fútbol seguidos?). Yo no llego a más de 30 o como mucho 40 jugadores. Significa eso que la apuesta de un país es de hacer prosperar a 40 personas de 40 millones -en el caso de Argentina- durante 16 años? entonces tocamos a menos de cuatro personas al año! 

Argentina sólo saldrá del atolladero en el que se encuentra si hace brillar a empresarios como los de Mercado Libre, una de las empresas privadas más prósperas de Latinoamérica. Hay recursos, espacio y ganas. Sólo hay que ganarle el partido a los populistas.

sábado, 17 de diciembre de 2022

MIEDO DEL QUÉ SE DIRÁN

 Sí, han leído bien el titular. Qué se dirán, y no 'qué dirán', muleta famosa de Cruz y Raya. Y es que yo aprendí en Derecho hace años, mucho antes del 1-O de 2017, allá por tercero o cuarto de carrera, que el término de 'sedición' venía de 'se dice'; o sea, el sedicioso es delincuente porque, ostentando un cargo público determinado se asigna -se dice-, por la cara, un cargo distinto, creyéndose, por ejemplo, presidente de un país independiente sin serlo.

Tras las reformas golpistas del gobierno sanchista esta semana tengo miedo por primera vez en la vida del futuro de España. Porque con Zapatero, por ejemplo, se hicieron muchas barbaridades y se hicieron concesiones al separatismo. Pero lo de esta semana no han sido concesiones, han sido directamente cesiones. Se ha cedido el código penal y se han dado alas a la impunidad. Cojones le han echado, eso hay que admitírselo a los socialistas, porque es verdaderamente difícil de justificar ante el electorado eso de eliminar el delito de malversación. Con qué criterio van ahora los socialistas a protestar contra la malversación de un futuro gobierno del PP (casi simpre en beneficio de otros, como se vio en el caso Gürtel), si el PSOE acaba de legalizarla? 

Es por eso que se confirma mi teoría de que, cuando la izquierda relincha por 'barbaridades de la derecha' (pongamos por caso la instauración de la candena perpetua revisable), prácticamente siempre se trata de acciones que sólo molestan al ideario izquierdista, o sea al votante progresista, mientras que cuando es la izquierda la que se atreve a llevar adelante reformas brutales como las de esta semana, estamos ante algo que no sólo afecta a un 'ofendidito' votante de derechas, sino ante una cosa que impepinablemente destroza también al votante de izquierdas. 

Porque aunque, tristemente, el 80% de los votantes de izquierdas esta semana estén relajados en su sofá, consolándose con que, bueno, vale, esto de la sedición es un error, pero mejor ver al PSOE aguantando ahí que ver a PP y Vox llegando al gobierno, lo cierto es que la eliminación de la sedición a lo que lleva es a invitar a cualquier loco (hoy es un separatista catalán, mañana es un fan de la historia de Suazilandia llegando a presidente de Cantabria e instaurando harenes por doquier) a instaurar su propia ley y 'decirse' presidente de una república inexistente pero muy contraria a lo que hoy los progresistas entienden por progresismo. 

Miedo al qué se dirán, a partir de hoy. Y quien no lo tenga es que no se ha enterado de nada.

sábado, 10 de diciembre de 2022

LA CIENCIA RELIGIOSA

 En diciembre de 2020, la revista británica The Economist se hacía eco de un artículo de Science Advances en el que Randall Haas comunicaba el descubrimiento de la tumba de una mujer de 9.000 años junto a la que posaban herramientas de caza, como por ejemplo piedras afiladas.

En esta noticia de dos columnas y apenas nueve líneas, The Economist se esmera en hacernos saber dos veces que el hallazgo demuestra la 'obsoleta' noción de que sólo los hombres de la Antigüedad fueran cazadores. 

La lectura del texto me retrotrajo a mis tiempos en secundaria, cuando la cultura woke estaba sólo en período de gestación y no en pleno florecimiento como hoy en día. Retumba en mis oídos aún la voz grave de Francisco Miguel, el profesor de Conocimiento del Medio; y la de Encarnita, en Historia, cuando mencionaban la importancia de los egipcios de enterrar a sus faraones con sus tesoros y esclavos (si no recuerdo mal, vivos). Entonces se nos decía que era un mero trámite simbólico para mantener esa riqueza en el futuro, aunque acabara siendo una riqueza que acabase luego en los bolsillos de saqueadores europeos y no europeos durante los siglos XIX y XX.

La interpretación del descubrimiento de la tumba de Perú -las mujeres cazaban porque ''sus'' herramientas se enterraban junto a ellas- me parece un perfecto ejemplo de pseudociencia woke a la que tanto estamos acostumbrada hoy en día. O sea, esa ciencia substituta de la religión por la que sólo se puede interpretar un hecho histórico de manera que justifique o fomente el cambio de mentalidad o la reesctritura cómoda de la Historia.

Que a ninguno de esos científicos se le haya podido pasar por la cabeza que esas herramientas de caza o cocina por aquel entonces podrían haber tenido un valor monetario o al menos de simbología de clase, según el cual las damas merecerían el mejor homenaje de los hombres (propietarios de esas herramientas) en los entierros, demuestra el carácter religioso de la ciencia de nuestros días.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Fridays for mashed potatoes

 

Es la tercera vez en menos de un mes que unos desgraciados invaden una obra de arte en un museo europeo con pintura o puré de patatas para protestar -o, mejor dicho, llamar la atención- y que escuchen su pregón religioso de combate contra el cambio climático.

Han conseguido que en Europa no se vendan coches de combustión dentro de algo más de 10 años, están coqueteando con la prohibición o encarecimiento brutal de la carne y han convencido al personal de que volar -el tráfico aéreo supone un 2% de la contaminación en el planeta- es algo asocial, hasta el punto de hacer viral una expresión sueca como flugskam (vergüenza de volar).

Bien, de acuerdo. Entonces, si al que prescinde del coche, se hace vegetariano y propaga la genial idea de ir en tren hasta países pobres como Santo Tomé y Príncipe (que solo saldrán de la miseria con el turismo) solo le queda acudir a museos en su tiempo de ocio, por qué tiene que aguantar a estos subnormales?

Llevamos más de 20 años sin poder llevar botellitas de agua en aviones, y hay sitios maravillosos en el Mundo, como las Grotto caves del Líbano, donde a pesar de la desorganización general del Estado se las arreglan para proteger el patrimonio geológico prohibiendo móviles y cámaras de fotos en la entrada... pero los museos europeos aún no han despertado para pararles los pies a esta gente.

Cuándo despertarán? Espero que no sea demasiado tarde, cuando les de por atacar un cuadro con productos químicos que hagan imposible una restauración en condiciones.

sábado, 17 de septiembre de 2022

SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE: EN EL PAÍS EQUIVOCADO CON EL COMPAÑERO DE VIAJE EQUIVOCADO

 

                                      Puente sobre el embarcadero de los manglares de Villa Malanza

 Escribió una vez Umberto Eco que necesitamos enemigos para descubrir nuestros valores y hacernos una idea de lo que, por oposición a esos enemigos, queremos ser. La cosa es que al italiano se le olvidó explicarnos cómo reaccionar ante buenos amigos -de esos que te ayudan en la mudanza con muebles pesados- que, de la noche a la mañana, se convierten en ''ángeles exterminadores'', citando a mi admirado Amando de Miguel.

Una vez le preguntaron a Crystal Tai si el Honjok, o sea el arte de vivir solo, conducía automáticamente a la felicidad. ''No todos viven solos por propia decisión'', dijo la coreana. ''Pero aquel que celebra su propia independencia gana mucha autoconfianza, porque se cuestiona continuamente quién es''. Lo que Tai no nos reveló es hasta qué punto esa autoconfianza ganada en una excesiva soledad pospandémica puede desembocar en arrogancia, agresividad y un comportamiento antisocial sin escrúpulos.

Lo que van a leer a continuación es un resumen de mi decepcionante viaje a Santo Tomé y Príncipe en agosto de 2022 con Daniel A., un ángel exterminador, o sea, uno de esos tipos de los que conviene mantenerse distante. He decidido no revelar su nombre completo por miedo a la muy limitada libertad de expresión de Alemania, debido a la protección contra la 'Schmähkritik', o sea la crítica que dañe la imagen o reputación de una persona. Huelga decir que no es esa la intención de este artículo: el personaje ha dañado su imagen por sí solo. 

UN PAÍS SIN FUTURO

En este artículo no voy a hablar solo de este mal compañero de viaje, sino también del mal destino que en julio de 2022, tras más de dos años sin salir de Europa por el covid-19, elegí para el mes siguiente. Y para que no crean ustedes que soy un gruñón -aunque suela disimularlo mal en este blog- empezaré con relatar lo bueno de Santo Tomé y Príncipe, porque haberlo haylo.

No, lo bueno no es la isla de Príncipe, so pesaos. Llámenme arrogante, pero un andaluz con muchos veranos en Huelva y Cádiz a la espalda y un impresionante viaje a Maldivas en 2018 no se conforma con cualquier playa. Si usted va a Santo Tomé y no pone pie en Príncipe, prepárese para miradas congeladas, muecas despectivas y ceños de incredulidad. Pero no se deje, hombre. No todo el mundo tiene el tiempo y el dinero para verlo todo en cada viaje. En el caso de este país africano, necesita además suerte, pues no es raro que los vuelos a Príncipe se llenen rápido ante cualquier festival en la isla pequeña.

 No, la gente tampoco es lo mejor, y que me perdone Sele, el bloguero que dice haber estado dos veces y querer volver.  He estado en total en 11 países de África, y he establecido dos categorías respecto a la gente: por un lado, la amargura y orgullo antieuropeo de Etiopía y Santo Tomé, y por el otro el resto. El viaje empezó mal, al salir del aeropuerto, porque el 'shuttle' que nos llevaría al hotel tuvo que esperar 45 minutos a los pasajeros que aun no habían pasado el control de pasaportes. Como siempre he dicho, si un viaje empieza mal -con un intento de estafa o con largas colas de espera en algún sitio-, es muy probable que acabe mal. 

 Además, dice muy poco de un país el hecho de no contar con prensa de papel. Las élites están totalmente corrompidas; no hay ni un solo movimiento en pos de una instrucción pública en condiciones. 

Algunos ejemplos: obsesión por los derechos de imagen (no se le ocurra hacer fotos en las que salgan personas, esto no es Madagascar), críticas al turista que olvida poner un intermitente, gritos en la gasolinera si entra por el acceso equivocado (en Alemania, si es una gasolinera en carretera o ciudad, se suele poder entrar por cualquier lado).

 Para mí, lo mejor de Santo Tomé y Príncipe es el pescado y los manglares de Villa Malanza, colonia de monos incluida. Y aquí se acaba lo bueno. No, ni se atrevan ustedes a hablarme del chocolate. Este (muy bueno, por supuesto) solo puede comprarse en el aeropuerto a precios desorbitados y en la tienda Diego Vaz, dirigida por empresaurios cercanos al gobierno. En cuanto a la chocolatería Claudio Corallo, en la capital, conviene que sea la primera que visiten en su vida. Si ya han estado en la impresionante fábrica de chocolate 'El quetzal' de Mindo, en Ecuador, la de Claudio Corallo en Santo Tomé le parecerá tan impresionante como una tienda de churros en un callejón de Sevilla.

UN HOMBRE SIN FUTURO

 Era el compañero tranquilo, el que un día de primavera de 2021 empezó a hablar conmigo de fútbol y de coches (estaba buscando un Audi A4 de segunda mano que le diera prestigio a su mediocre vida), un día en el que quedó inaugurada una camaradería que pocos meses después desembocaría en amistad. Varios partidos de tenis, cenas juntos en casa, la contraseña de DAZN para ver la final de la Copa del Rey y ayuda durante la mudanza a nuestra nueva casa cimentaron esa amistad.

Yo no había tenido una buena experiencia con ciertas personas de mi anterior trabajo. Tras dejarlo, en junio de 2022, me puse a buscar vuelos para agosto. Mi sueño era ir a Pakistán, pero un problema con el visado electrónico desvió mi interés a Santo Tomé y Príncipe, que era además el país que mi mujer y yo habíamos sopesado elegir para el viaje de novios.

Es impresionante lo que hace el tiempo con tu manera de viajar. Si en mi veintena adoraba los viajes solo por el mundo, incluidos países como Irán o Uganda, desde que tengo niño necesito de la compañía de alguien. Así que pregunté a Daniel si quería acompañarme. Se apuntó sin dudarlo mucho.

He de decir que los primeros cinco días fueron bastante bien, teniendo en cuenta que no suele ser fácil convivir con una persona 24 horas al día durante varios días cuando antes sólo llegabas a verlo dos horas en una visita o en un partido de tenis. Pero es que Daniel, al menos hasta el 17 de agosto, había demostrado siempre tener una personalidad calcada a la mía: tranquilidad, interés por la comida y, quitando algunas excepciones, tendencia a los mismos temas de conversación.

 

                           Playa de Lagoa Azul, famosa por el snorkel, pero con aguas más bien marrones
 

Llegó el sexto día. Fuimos a la playa de Micolo, con mucho mejor acceso que la de 'Os Governadores' y por ello quizá con más poblados alrededor. Ambas playas con exceso de basura, una basura que nunca vereis en el blog de Sele o en las agencias de viaje. Daniel y yo llevábamos varios días cansados de la mala bienvenida de los santomesinos, de la basura y de las malas carreteras. Pero Daniel llevaba a sus espaldas dos frustraciones más que yo no tenía. Él había pillado dolor de barriga a las 48 horas de llegar al país, y además le molestaba no entender ni papa del portugués. A todo esto se sumaba la tragedia de la muerte del novio de su madre, una semana antes de despegar.

Así que aparcamos en una duna de Micolo, y 10 niños se acercaron -demasiado, como siempre- a nuestro 4x4. Yo soy un viajero seguro pero relajado: prefiero guardar las cosas en el coche, cerrar éste con llave y no irme demasiado lejos. Daniel prefirió llevarse sus dos mochilas con el dinero y el pasaporte dentro. Cuando nos acercamos a la orilla, mi compañero de viaje me encomendó guardar sus pertenencias y se dio un chapuzón. Los 10 niños, en su mayoría niñas, se pusieron muy cerca de mí y las mochilas de Daniel. Una de las niñas, después de averiguar que era español, me hizo una pregunta: ''En México también se habla español''? quizá porque soy padre -Daniel no-, y porque soy consciente de que esas niñas muy probablemente jamás verán nada del mundo, le contesté que sí, y enumeré cuatro países más de habla hispana. No llegué a contar más, porque unos gritidos que venían desde el agua me dieron un vuelco al corazón.

''No hables con ellos joder, joder, joder! si hablas con ellos no se van!''. Mientras gritaba, Daniel se acercaba lentamente, con la parsimonia que siempre le caracterizaba en la oficina, y con su cara de playmobil siempre tan serio, esté contando un chiste o echándote algo en cara. ''Tú te vas mañana a casa y estás con tu familia, pero yo tengo aquí mi pasaporte!''. Aquí, por primera vez desde que, una semana antes, cogimos el tren desde Bad Friedrichshall hasta Frankfurt, adiviné en las palabras de Daniel una cierta envidia a la vida en familia o a una vida interesante en general esperándome en casa, mientras que él, aun saliendo del antro que los dos coincidimos que es la isla de Santo Tomé, era consciente quizá de que volvería a un mundo quizá más desarrollado, pero no mucho más prometedor. Al menos para sus circunstancias personales.

Me defendí. Le dije -con el convencimiento de quien no conoce a alguien lo suficiente para esperarse un ataque de nervios así pero sí lo necesario como para adivinar qué habría pasado en una situación diferente- que si yo no hubiera hablado con las niñas, de haberse girado él hacia mí y haber visto que seguían a mi vera me habría gritado igual; quizá echándome en cara que no hiciera nada, inmóvil, ante la invasión de nuestra privacidad y nuestras pertenencias. Con total seguridad, Daniel no podía aguantar más aquellas circunstancias, aquel viaje, y decidió desahogarse en una lengua que sólo su compañero de viaje, o sea yo, comprendía. En todo caso, se alejó de mi y de nuestro coche de alquiler y se puso a leer, de pie, a aproximadamente 500 metros de distancia.

 Aquella noche hablamos. Yo estaba aturdido, y así se lo hice saber. A mí me dio la impresión de que Daniel se arrepentía de lo sucedido. Pero después de su SMS casi un mes después, el 5 de septiembre, empecé a pensar que en realidad esa noche de agosto sólo contenía su frustración ahora enrabietada de la forma más pragmática posible para acabar el viaje de la mejor manera. Después de todo, todavía necesitábamos el coche que alquilamos juntos.

El día siguiente, jornada de retorno a Alemania con escala en Lisboa, lo pasamos entero en la capital de Sao Tomé. Entramos en un hotel de lujo e incluso nos zambullimos en la piscina de estilo infinity sin que nadie nos pillara. Bellos recuerdos de un salvaje día en el Hard Rock Hotel de Isla Sentosa, Singapur, en 2013. No voy a negar que lo pasáramos bien -incluso jugamos a las cartas!-, pero el ambiente estaba algo enturbiado. Hablábamos de otra manera, sin apenas mirarnos a los ojos, y le gané al Black Jack 6-0, algo histórico, pues los días anteriores me había batido él sin excepción. Algo turbio tenía en su cabeza, sin duda.

Aquella noche nos dirigimos al aeropuerto para coger nuestro vuelo a Lisboa. En el diminuto aeropuerto de Santo Tomé solo hay una sala de espera, y estaba, claro, atiborrada. Entre los pasajeros había una pareja de un italiano y una catalana que ya habíamos conocido en una carretera del país tres días antes. Dos personas hermosas, muy agradables. Unos viajeros enamorados de lo desconocido. Para que usted no diga que solo rajo sobre otras personas, si es que ha conseguido leer hasta aquí. 

El italiano me ofreció una bola del caro chocolate que compró en la tienda del aeropuerto. Me encanta el chocolate, pero debido a la gran educación que obtuve de mis padres, estoy programado para compartir con los necesitados antes de servirme yo; y como Daniel se quejaba desde hacía minutos de tener sed y hambre pero no podía comprar por falta de billetes pequeños (en Santo Tomé te dan el cambio en dobras si pagas con euros), le ofrecí la bola. Él la rechazó, y me la comí. Entonces, el italiano me dio otra bola, y mientras hablábamos de los premios que había ganado el chocolate santomesino por todo el mundo, me la metí en la boca. Un par de minutos más tarde, Daniel me preguntó si me había comido la segunda bola. ''Sí, claro'', le espeté. ''Pero por qué no me la dejaste a mí?'', todavía con su sempiterno semblante serio. ''Si me has dicho antes que no querías'', le dije alzando la voz ante el creciente barullo de la sala. ''Pero porque te habían dado uno, y ahora te han dado el segundo''. Menuda diva, joder, pensé. 

                                      Una carretera al sur del país, junto antes de ponerse chunga

 

LISBOA


Citaba al principio de este artículo a Crystal Tai porque dudo que vivir solo tanto tiempo lleve asiduamente a la felicidad. Ya lo decía mi madre de mí, que también viví solo hasta la edad que ahora tiene Daniel! Al no tener que llegar constantemente a compromisos con el otro, quedas anclado en tus propias convicciones y no toleras la forma no ya de actuar del otro, sino incluso de pensar o razonar. Me lo demostró mi compañero de viaje al llegar a Lisboa.

 Después de ver la gran película 'Muerte en el Nilo' y de dormir poco más de tres horas, llegué cansado a la capital portuguesa y en el segundo autobús. Daniel iba en el primero. Le escribí al móvil contándole amistosamente que tenía ganas de ir al retrete. Al entrar en la terminal del aeropuerto a la que llegan todos los pasajeros extracomunitarios, Daniel ya estaba esperándome con ojos expectantes, y me dijo, ocultando muy bien el asco que en realidad llevaba dentro por tener aún un trecho de viaje conmigo: ''Tenemos que ir por la puerta S o N, pero no lo sabemos porque el vuelo a Frankfurt aun no aparece en pantalla''. Mi reacción, la de un hombre cansado que dice lo primero que se le pasa por la cabeza, es ''da igual, no?''. Y no le gustó a mi delicada diva. Respondió: ''cómo va a dar igual?'', a lo que yo, siempre buscando la salida más diplomática al menor conflicto, respondí ''puedo preguntar si quieres''. Él ''pero no lo van a saber''. ''Bueno, no cuesta nad...''. Aquí me interrumpió alzando el brazo como lo había alzado menos de 48 horas antes en la playa de Micolo: ''Pues pregunta, Rafa'', y se fue al cuarto de baño, que me habría gustado visitar a mí, si no fuera porque había una larga cola, una de las razones de mis prisas para pasar lo antes posible por el control de pasaportes.

Pregunté a una empleada del aeropuerto y me ayudó indicando que teníamos que pasar por la puerta S. Daniel vino un par de minutos después y le dije que era la S, que ya me lo habían dicho. ''Sí?''. ''Sí, porque he preguntado''. A ello contestó: ''Pero no tenían por qué saberlo!''. Yo no daba crédito. No me quedó otra alternativa que preguntarle, con una sonrisa ladina ''Daniel, quién tiene más experiencia de nosotros viajando?''. Su respuesta: ''Sí, ya lo hemos visto esta semana...''. Yo estaba ojiplático: ''Ah, otra vez? a ver, qué es lo que he hecho mal?''. En ese momento, Daniel se metió sus auriculares en las orejas -es lo que había hecho, por cierto, durante el viaje de Micolo a nuestro hotel- y se despidió de mi: ''Métetela, Rafael, y buen viaje, salúdame a Oli y a Sonja''. Pese a esa inesperada y prematura despedida, no hice el amago de despedirme yo, y tras pasar la puerta de seguridad me detuve a esperarlo. Pero su pasaporte no funcionaba -o quizá hacía como que no funcionaba, para forzar la despedida?- y, mientras una empleada le ayudaba, me espetó: ''puedes irte, Rafael''. Lo hice. Me fui hacia la puerta de embarque, y le mandé el penúltimo watsapp, diciendo que iba a la puerta de embarque y que esperaba verlo ahí.

El último watsapp se lo puse una vez subido en el avión a Frankfurt. Le debía aún 30€ del viaje, pero yo no estaba seguro si me iba a acompañar en la aduana de Frankfurt, en la que lo necesitaba por los 400 cigarrillos que llevaba conmigo. En realidad, confieso ahora que tenía este miedo el mismo miércoles por la noche ya.

Ninguna respuesta. Llegamos a Frankfurt y contemplé, por primera vez tras decenas de viajes a través del aeropuerto más grande de Alemania cómo mi compañero de viaje desaparecía, sin despedirse ni lanzarme una mirada, por la puerta de salida. Por cierto, no hubo que atravesar ninguna aduana. Aún sigo sin entenderlo. Si tampoco pasé ninguna en Portugal!

Como dije antes, casi un mes después, el 5 de septiembre, este psicópata me mandó un SMS, porque yo lo había bloqueado en watsapp y en Instagram. Estaba triste porque no me había ''disculpado'' o, siquiera, ''devuelto lo que le pertenecía''. Por ende, me pedía ahora no sólo devolverle los 30€ euros del viaje, sino también 40€ del regalo del bautizo de mi hijo.

Tío miserable y pobretón! Jamás en mi vida nadie me había pedido que le devolviera un dinero regalado. Un tipo que -nunca lo olvidaré- en su primera visita a nuestra casa trajo una ensalada de pepino y probó cordero por ''primera vez'' en su vida. Simplemente un desgraciado.

Mi hermano Juan me dijo que viajé a Santo Tomé con un ''desconocido''. No es cierto. Bueno, no del todo: es cierto que nunca llegamos a conocer a la gente al 100% hasta que viajamos con ellos unos días. Le propuse hacerlo con buenos amigos. Negó que fuera correcto. Pero claro, mi hermano viaja poco. La cuestión de fondo es que, como bien dice mi mujer, yo ya he viajaado en muchos lugares del mundo con desconocidos -sobre todo en el Sudeste Asiático- teniendo muy buenas experiencias. 

La próxima vez escogeré el destino con más cuidado. Y a los amigos, con más escrutinio y quizá evitando los viajes.


 


 

 

lunes, 8 de agosto de 2022

Querido Oliver (II): Las estadísticas las carga Camilla Cavendish

 Decía Churchill que no creía en las estadísticas que no hubiera manipulado él mismo. Camilla Cavendish, articulista del Financial Times, es un buen ejemplo de por qué. Para convencer al personal de la necesidad de responder a la alarma del cambio climático, acude al argumento más torticero: dar porcentajes de encuestas de opinión sin ofrecer la fuente. Pero es que ni con fuente convencen.

Según Cavendish, ''en 1997 la mitad de los [votantes] republicanos y demócratas creían que los efectos del calentamiento global habían empezado a surgir''. La periodista no menciona el dato clave de que ya a final del pasado milenio esta encuesta coincidía con un clima -valga la redundancia- informativo mundial bien dotado de reportajes y comentarios acongojantes para describir fotos de osos polares inmóviles sobre un trozo de hielo.

Gracias a Dios, el Financial Times es un diario lo suficientemente plural para que, en el mismo número de septiembre de 2020 en que Cavendish trataba de hacernos despertar ante la catástrofe climática, otro autor, Jonathan Ford, reseñara un libro importantísimo de Bjorn Lomborg, ''False alarm: How climate change Panic Costs us Trillions, Hurts the poor, and falls to fix the Planet'', en el que Lomborg cerraba a cal y canto el debate sobre los osos polares aseverando que lo que los mata es la caza y no el calentamiento global. Y que además su población se ha duplicado en los últimos 20 años.

 Lo que pretendo decirte, hijo, es que desconfíes siempre de las estadísticas y los epítetos, y que vayas siempre a las fuentes. Si algún día vieras a Cavendish por la calle con un micrófono, probablemente para no arruinarte el día le contestarías que sí, que también ves consecuencias del cambio climático. Al menos, así es la mayoría de la gente. La alternativa, o sea decirle la verdad, te llevará a hacer muchos menos amigos.